27 mar. 2008

Sociobiología 2.0

Darwin ya identificó, en fragmentos conocidos de El origen del hombre, el problema del grupo como una fuerza ecológica decisiva para que actuase la selección natural. Tanto refiriéndose a los grupos de animales sociales:
La selección natural actúa algunas veces sobre los animales, seguramente sociales, preservando las variaciones que son benéficas a la comunidad. Ésta, cuando contiene gran número de individuos favorecidos por la naturaleza, acrece rápidamente su número y sobrepuja a los otros cuyos individuos no están tan bien constituidos, aunque particularmente en la primera no se aventajen uno a otros sus individuos. Así adquirieron los insectos asociados muchas y notables estructuras, que son de poca o ninguna utilidad al individuo, como el aparato colector del polen, el aguijón de la laboriosa abeja, y las grandes mandíbulas de las hormigas.
Como a la misma especie humana:
Conviene no olvidar que aunque un elevado grado de moralidad no proporciona a cada individuo y sus hijos sino ventajas muy ligeras sobre los otros hombres de la misma tribu, con todo, cualquier aumento en el número de los hombres que tengan buenas cualidades, y en el grado de moralidad de una tribu, tiene necesariamente que proporcionar a ésta inmensas ventajas sobre las otras.
Sin embargo, este escenario contemplado por Darwin fué ampliamente rechazado por los especialistas en los años durante los que fué gestada la "nueva síntesis" de la sociobiología (1.0). En lugar de la selección de grupo darwiniana los biólogos propusieron A) La teoría de la eficacia inclusiva [1]; B) El altruísmo recíproco; C) La teoría de juegos evolucionista y D) La teoría del gen egoísta. David Sloan Wilson y Edward O. Wilson lo explican en un breve artículo destinado a divulgar el estado de una síntesis renovada (lo comentamos inicialmente aquí): Sociobiología 2.0

El retorno de los grupos

Sintetizando, el rechazo de la selección de grupo se basaba en tres argumentos: 1) La selección entre grupos se veía como una fuerza evolutiva menor en comparación con la selección dentro de los grupos; 2) La evidencia disponible a favor de la selección de grupo se consideraba débil y especulativa, y 3) Las teorias alternativas sobre altruísmo y reciprocidad se consideraban, en general, explicaciones mejores.

Partiendo de estos supuestos compatibles con el individualismo genético, ¿cómo es posible entonces que lo que comúnmente llamamos "moral", esto es, formas de altruísmo generalizado, haya podido evolucionar, si es cierto que los rasgos que benefician a otros en perjuicio del agente tienden a desaparecer del acervo genético? Éste es el principal problema que Darwin identificó con respecto a la evolución de la moralidad humana, aunque de hecho puede ampliarse hasta cualquier otro ejemplo de conducta altruísta entre los animales.

El punto clave es que los rasgos cooperativos y altruístas pueden evolucionar y resultar ventajosos en el contexto de la competición entre grupos, y no tanto en el contexto de la competición entre individuos de un mismo grupo.

Los Wilson consideran que los prejuicios teóricos y empíricos contra la selección de grupo ya han sido superados. Desde el punto de vista teórico, el individualismo triunfalista asumía que el único modo de que los grupos variaran conductualmente es que también lo hicieran genéticamente. Pero éste supuesto ha sido destruído por la teoría de los sistemas complejos: diferencias iniciales muy pequeñas dentro de grupos sociales pueden ser magnificadas por interacciones sociales deterministas. En consecuencia, la selección de grupo no es teoréticamente implausible. Y por lo que se refiere a las evidencias, estudios recientes apoyan la selección grupal tanto entre organismos microbianos (el caso de pseudomonas fluorescens criticado aquí) como entre especies superiores; por ejemplo, en el caso de la defensa territorial entre los leones.

Los grupos de animales sociales son fuerzas ecológicas innegables. En especial dentro de la conducta social, la eficacia biológica de un individuo depende no sólo de su propio fenotipo, sino del resto del fenotipo social con el que interactúa. Los rasgos altruístas y cooperativos no son ventajosos desde el punto de vista del individuo, ciertamente, pero lo son dentro de la competición entre grupos: El egoísmo derrota al altruísmo dentro de cada grupo. Los grupos altruístas derrotan a los grupos egoístas.

Eusocialidad y transición humana

Así pues, otra evidencia a favor de la selección de grupo procede del descubrimiento de que los mismos "individuos" son grupos, comunidades simbióticas que han evolucionado dentro de lo que Wilson, siguiendo a John Maynard Smith y Eörs Szathmáry, llama "grandes transiciones" (major transitions):
Una gran transición tiene lugar cuando la selección dentro de los grupos es suprimida, permitiendo que la selección entre grupos domine el vector final del ciclo evolutivo.
El término "eusocial" se aplica a las colonias de insectos que cumplen teres condiciones: 1) sus miembros son multigeneracionales, 2) cooperan en el cuidado del nido y 3) están divididos en reproductivos y no reproductivos. Según W.M. Wheeler, estas colonias eusociales constituirían de hecho "superorganismos" que evolucionaron a partir de la selección entre colonias.

Aparentemente, la teoría de la selección de parentesco de Hamilton ofrecía una explicación diferente, al apelar sobre todo al papel causal de la relación genética entre los miembros de la colonia. Sin embargo, se sabe que la mayor parte de los insectos eusociales son colonias genéticamente diversas, y al menos en opinión de Wilson, el parentesco no puede explicar por sí mismo la emergencia de propiedades tan excepcionales como la eusocialidad. Las ventajas de la evolución eusocial sólo parecen plausibles cuando se comprenden las ventajas adaptativas a gran escala: actualmente la mitad de la biomasa de los insectos está formada por especies eusociales. La relación genética es un factor, pero no es el único.

Este nuevo paradigma afecta especialmente al entendimiento de la especie humana. Los rasgos psicológicos asociados con los sistemas morales, en particular, pueden ser comprendidos como mecanismos que suprimen o minimizan la selección dentro de los grupos, tal como ocurre en los cromosomas, la meiosis en los organismos multicelulares o en los mecanismos de control dentro de las colonias de insectos eusociales. En este sentido, la selección entre grupos podría entenderse incluso como la fuerza evolucionista principal para la cultura humana.

De esta base biológica surgiría el pensamiento simbólico que permite una rápida y eficiente transmisión de información social así como el tipo de actividades comunitarias complejas desarrolladas por el ser humano que lo han capacitado para alcanzar un dominio ecológico pleno. En particular, los procesos culturales han de poseer un mecanismo físico para crear variación en el fenotipo de los grupos, incluso cuando se trata de grupos extensos de individuos débilmente relacionados desde el punto de vista genético. Aquí radica una importante idea-fuerza para explicar la falacia de Wallace, es decir, para desestimar la idea de que las cualidades morales, espirituales y culturales más elevadas no pueden ser el fruto de la selección natural:
Si emerge una nueva conducta mediante mtuación cultural, puede convertirse rápidamente en la conducta más común dentro del grupo y proporcionar la ventaja decisiva para la competición entre grupos.
Consecuencias inesperadas

La metodología empleada por los científicos sociales y por los naturalistas ha coevolucionado históricamente, mostrando relaciones recíprocas desde que Darwin utilizara el principio de Malthus para conjeturar sobre la evolución de las especies. Pues bien, del mismo modo que el individualismo genético ha entrado en crisis en los últimos años (décadas, en realidad), apenas hace falta un poco de atención sobre la literatura científica moderna para comprobar que la metodología individualista, antiguamente el canon de la ciencia económica, se encuentra también en caída libre. El trabajo de Herbert Gintis y otros estudiosos de la economía evolucionista apunta clara y alarmantemente en esa dirección, como iremos viendo. Tambien conviene seguir este trabajo de Benoit Hardy-Vallée sobre la rehabilitación de la agencia colectiva en las ciencias sociales. Los tiempos del individualismo triunfalista son ya bastante lejanos.

Todo lo cual, por cierto, no significa que el individualismo naïve simplemente se evapore, del mismo modo que tampoco ha desaparecido el creacionismo después de Darwin o el cartesianismo después de la neurociencia. Una explicación a estas resistencias pragmáticas reside en la tendencia de las ciencias sociales y económicas a organizarse dentro de "escuelas" que priman la adhesión a sus "sistemas" particulares, con sus redes institucionales de incentivos económicos, académicos y personales, a la vez que desincentivan la consiliencia con el resto de las ciencias. Esta irresitible atracción de los científicos sociales hacia el sectarismo académicamente sancionado, es decir, el escolasticismo, tal vez sea la característica más sobresaliente del Modelo Standard. Por estrafalario que parezca, del mismo modo que hoy sobreviven congresos y seminarios organizados por psicólogos lacanianos, freudianos, o junguianos, aún queda algún que otro "economista" que se considera marxista, neoclásico o austriaco.

[1] La eficacia inclusiva es la suma de los efectos directos e indirectos provocados por el comportamiento de un individuo, donde la eficacia directa es aquella que impacta en la eficacia del individuo, y la eficacia indirecta es aquella que impacta en la eficacia de sus compañeros sociales, medida según el grado de parentesco entre el individuo y sus compañeros sociales (Cf. Wikipedia, Inclusive fitness).

Lectura

Hardy-Vallée, B. Altruism, a research program
- Collective agency: from intuitions to mechanisms
Wilkins, J (Evolving thougts). The two Wilsons on sociobiology
Wilson, D.S., Wilson, E.O. Rethinking the theoretical foundations of sociobiology

Crítica


Dawkins, R. Twelve misunderstandings of kin selection
DavidB (Gene Expression). Group selection and the wrinckly spreader
The truths makes me fret. Some jeb commentaries on group versus kin selection
Haidt, J. Doing science as if groups existed