29 feb. 2008

Patricia Churchland y la naturalización de la moral

Patricia Smith Churchland es, probablemente, la mejor filósofa de los tiempos modernos; y de hecho, también uno de los mejores filósofos, sin distinción de sexo, teniendo en cuenta su contribución al materialismo eliminativo. En las últimas dos ediciones de Beyond belief, en la universidad californiana de La Jolla, Churchland trató sobre neuroética, una perspectiva experimental que intenta explicar en un contexto evolucionista cómo tiene lugar la toma de decisiones, la motivación moral y las representaciones del propio "yo". La neuroética naturaliza la moral al abordarla como un fenómeno a la vez cultural y neurobiológico. Y en este se sentido, cumple la -para muchos alarmante- recomendación de Wilson en el último capítulo de Sociobiología. La nueva síntesis: es preciso arrebatar la moral de las manos de los filósofos y biologizarla.



Neuroética. Diagrama

La disposición moral no es un asunto exclusivo o sólo significativamente cultural, como mantiene la versión "standard" de las humanidades, y tampoco exclusivamente religioso, como pretenden los críticos reaccionarios [1]. Tomemos el caso de la monogamia y la promiscuidad sexual. Estudios sobre ratones de campo de Larry Young y Sue Carter han acreditado que la distinta densidad de la hormona oxitocina está fuertemente relacionada con el comportamiento monógamo o promiscuo. La diferencia en la distribución de estos receptores neuropéptidos es capaz de predecir las diferencias de comportamiento en los ratones de montaña y los ratones de pradera, hasta el punto de que puede incluso alterarse la disposición a la monogamia cambiando la densidad de oxitocina en alguna de estas variedades de ratón. Curiosamente, el papel relevante de la oxitocina en los vínculos familiares ya se había probado antes en los seres humanos, especialmente en relación con la lactancia.

Tal y como fué previsto por Darwin, el tema moral por excelencia consiste en extender el vínculo desde la familia a grupos donde las relaciones genéticas son cada vez menos reconocibles, llegando a establecerse relaciones de altruísmo recíproco, indirecto, generalizado o fuerte [2]. Antes, nuestro pasado como mamíferos ya puso las bases para la evolución de los "valores familiares". Paul MacLean destacaba que el cuidado paterno de los hijos, la conducta lúdica o el apego a la pareja constituían hallazgos morales típicos en los mamíferos -aunque algunos también están presenten en las aves. Parece ser que el desarrollo de la imitación social ha favorecido la formación de lazos más extensos de solidaridad, si bien no debe ocultarse que el desarrollo de estas facultades ha tenido lugar en un contexto evolutivo presidido por las luchas letales entre grupos de homínidos competitivos.

Churchland también insistió en dar la vuelta del revés a la llamada "falacia naturalista". Es evidente que existen ciertas prácticas "morales" que no deben fomentarse simplemente porque existan, como el infanticidio (que también es un singular "valor bíblico" -Génesis 22; Números 31; Deuteronomio 21:18-21; Jueces 11:29-40-), pero la letanía de los filósofos sobre unos valores emancipados de los hechos naturales es sólo narrativa fantasiosa. Si bien la separación entre hechos y valores -o mejor dicho, entre hechos que tienen distinto valor- es un signo de progreso moral, la naturaleza humana condiciona esencialmente el modo en que definimos los valores. Así pues, no se trata tanto de distinguir entre hechos y valores, dando por supuesta la existencia de dos reinos metafísicamente separados, sino de preferir unos hechos sobre otros teniendo en cuenta las restricciones históricas y locales.

Notas

[1] César Vidal, que acaba de abrir un blog (Vía El destino del Iscariote) escribía, por ejemplo, esto:
Sólo el que se complace en los mandatos de Dios y reflexiona en ellos de manera cotidiana puede, al fin y a la postre, evitar el influjo del mal. Seguramente por eso nuestra sociedad es tan permeable a conductas que, al fin y a la postre, la encaminan a la destrucción. Y es que no transita por el camino de la Ley del Señor.
[2] Altruism, a research program es una excelente síntesis del tema a cargo de Benoit Hardy-Vallée.