9 may. 2007

Moshe Lewin: Realidad y mito en la Unión Soviética, II

(...) Después de Stalin, para decirlo con R.W. Davies "la Unión Soviética encaraba el futuro con confianza, y las potencias capitalistas dirigían la vista hacia ella con preocupación", pero, paralelamente a esta relativa prosperidad, el "sistema" contenía la semilla de su propia destrucción y comenzaba a dar síntomas preocupantes de colapso.

Malos augurios

Tras poner término a la "paranoia sistémica" y la arbitrariedad de gobierno, diversos líderes políticos, técnicos especialistas y órganos de la unión comenzarán a detectar síntomas de estancamiento. Andropov, por ejemplo, tenía la idea de que la URSS podría contrarrestar la propaganda antisoviética reconociendo los errores del sistema, lo que le reportaría el favor de la opinión pública internacional. Kosigin y Andropov conocían la situación de crisis incluso mejor que cualquier historiador occidental, debido a la acumulación de informes que alertaban sobre los malos tiempos desde hace años.

Cabe destacar la advertencia del economista soviético Nemchinov, que en 1965 ya atacaba "un sistema mecánico y anquilosado en el que todos los indicadores fundamenales ya están fijados de antemanos, por lo que el sistema sufre una parálisis total" (Íb. 326). Andropov, en particular, era también muy consciente de la "ciencia sombría": "era necesario cambiar el enfoque para acelerar el avance científico y tecnológico (…) la Academia debía centrarse en la investigación y abandonar la producción de textos ideológicos vacuos" (Íb. 332). El Gosplan también sabía muy bien lo que iba a ocurrir, de no obrarse una reforma radical del sistema. En 1970 advirtió que "Todos los indicadores básicos sufrirán una desaceleración, un deterioro o se estancarán".

Desde una perspectiva bastante diferente a la adoptada por el clásico estudio de Von Mises, en 1967 un libro del economista V.P. Shkredov (añado por mi cuenta que es una desgracia el desconocimiento general que tenemos de estos textos) llegaba a conclusiones asombrosamente similiares:

Para Shkredov, el Estado, una institución político-jurídica que se arrogaba el control de la economía, olvidaba que el aspecto político-jurídico, por importante que fuera en la vida económica, debía subordinarse a la situación real del resarrollo socioeconómico del país. Por lo tanto, el deseo del propietario de imponer su visión de la economía, de planificarla y dirigirla a su antojo, provocaría un daño irreparable si el desarrollo económico y tecnológico no permitían, como había pasado hasta la fecha, realizar una planificación administrativa adecuada (…) Un estado usurpador, parapetado en su derecho a no adaptarse a la realidad, estaba condenado a la burocratización y era el principal obstáculo para el desarrollo económico.

¿Qué tiene que ver la Unión Soviética con el socialismo?

Lewin es quizás demasiado benevolente con respecto a las posibilidades de reformar el sistema, cuyos "errores" tiende cargar en la cuenta de la ineficacia o el "inmovilismo" de los elementos más "conservadores", la verdadera "ciénaga" que lastraba el régimen. También cae en cierta ingenuidad cuando se lamenta de que este mismo régimen hubiese trabado sistemáticamente la libertad de investigación y el debate político. Sin embargo, cabe preguntarse si el sistema soviético podría haber sobrevivido como tal al "debate libre". De hecho, los deseos de Andropov de glasnost tuvieron lugar justo en la antesala del colapso total, coincidiendo con la presidencia del PCUS de Gorbachov .

Para Lewin, la causa del derrumbe soviético hay que situarla en el proceso de burocratización y paralela despolitización del régimen que no supo llevar adelante una revisión realista de sí mismo. La Unión Soviética dejó de ser un despotismo agrario pagando el precio de convertirse en un absolutismo burocrático. Tras la desestalinización las incontables reformas se encenegaron en un "mercadeo" constante entre las distintas agencias gubernamentales y el gobierno centrral (Politburó y Consejo de Ministros):

El partido estaba despolitizado y la economía, cada vez más burocratizada, estaba en manos de una clase administrativa más y más dispuesta a conservar su poder en lugar de ocuparse de que la producción aumentara; más preocupada por mantener sus rutinas agradables que por alentar la creatividad y el desarrollo tecnológico (Íb. 465).

Según se desprende del análisis de Lewin, no deberíamos extrañarnos de que las facciones más conservadoras hayan terminado tomando el mando en la era poscomunista, o incluso de que otros conservadores "occidentales" apoyen hoy este viraje de Rusia a la derecha bajo la férula del "zar" Putin. Tras la mascarada de la neosovietización se escondería el “retorno del peso de la historia de Rusia".

Es, en efecto, bastante complicado ver en la historia soviética, como pretende Moshe Lewin, una "comedia de errores" que apenas compromete la idea del socialismo. Por el contrario, la URSS constituyó la empresa más seria por iniciar el camino hacia el socialismo que conocemos hasta ahora. Los propios líderes soviéticos debieron comprender casi desde el principio, empezando por la Nueva Economía Política de Lenin, que el capitalismo de estado como antesala del comunismo no estaba dando todos los resultados esperados. Así lo indica no sólo el interminable proceso de negociación entre agencias gubernamentales que no alcanzaban nunca sus objetivos, sino el meteórico aumento de la "economía en la sombra" desde los años sesenta.

Con todo, la experiencia soviética también arrojó no pocos saldos positivos para la población. La curva descendente en la natalidad quedaba compensada con un espectacular retroceso de la tasa de mortandad. La esperanza de vida pasó de los 28 años del siglo XIX a los 68 de inicios de los sesenta. Los soviéticos también disfrutaron en general de una mayor movilidad política y social, una mejora progresiva en las condiciones de trabajo, además de un sistema público de pensiones y subsidios de desempleo enmarcados en un “estado de bienestar” que, sobre todo, afectó a los apparatchiks. Sin embargo, y pese a las bravuconadas de Jruschov, es lo cierto que la economía soviética no sólo nunca se acercó al socialismo auténtico, sino que ni tan siquiera logró igualar el nivel de productividad o el grado de libertad política "occidentales".

A fín de cuentas, la advertencia de Lenin: "O pasamos el examen de la compentencia con el sector privado, o fracasaremos rotundamente" ha arrojado unos resultados muy comprometedores para la economía política socialista. Otra cuestión, ante la que no pocos demócratas fundamentalistas o liberales irredentos ciegos al contexto histórico, se empeñan en volver la cabeza, sería analizar el efecto deletéreo que la deficiente implantación de la "economía de mercado" ha traído a las ex repúblicas soviéticas.

Russian Vodka.