24 abr. 2008

La venganza es nuestra

Jared Diamond (entre "los 100") ha publicado un comentario en The New Yorker narrando una escalofriante historia de venganza tribal. En las sociedades de clanes, como las que aún se resisten a ser neutralizadas por el estado en las tierras altas de Papua Nueva Guinea, de forma habitual no es el esposo de la madre, sino su hermano, el encargado del cuidado de los hijos. Comprensiblemente, la muerte de un tío representa una calamidad muy superior a lo que cualquier occidental acostumbrado a la familia nuclear burguesa es capaz de imaginar.

En caso de muerte, la responsabilidad para ejecutar la venganza suele recaer en el hijo mayor. El vengador debe ser un hombre joven y fuerte. Diamond hace el recuento de lo que cuesta una venganza en Nueva Guinea según la "justicia contraestatal" de algunos nativos: tres años, 29 muertes más y el sacrificio de 300 cerdos:
El gobierno basado en el estado es hoy casi universal alrededor del globo, lo que nos hace olvidar que se trata de una innovación muy reciente. Se cree que los primeros estados surgieron sólo hace cincuenta y cinco siglos, en el Creciente Fértil. Antes de que existieran los estados, los métodos de Daniel para resolver las disputas graves -ya sea violentamente o mediante el pago de una compensación- fué la norma universal.
En las sociedades tradicionales, corrientemente "naturales" antes de la emergencia del estado, no hace falta una bella Helena como casus beli, un cerdo que arruine un jardín puede servir para desencadenar una prolongada y sangrienta guerra de clanes. Con todo, lo más preocupante quizás no es el hecho de que la barbarie permanezca en las calles, entre las bandas de Nueva York, o en algunos barrios españoles, sino que el salvajismo intelectual sobreviva incluso en la Academia. Y no hace falta dar nombres.

Mujer-Pez también lo analiza.