8 oct. 2007

La "ciencia racista" de National Geographic

El Proyecto Genographic, dotado con 40 millones de dólares de presupuesto (procedentes de una fundación privada formada por National Geographic Society, IBM y Waitt Family Foundation), surge en abril de 2005 y desde entonces su objetivo es "captar una instántanea genética de nuestra especie en este punto del tiempo, antes de que las huellas genéticas no se puedan seguir" (Nuestros antepasados, Spencer Wells). Investigadores de campo recogerán anónimamente en este tiempo miles de muestras de ADN procedentes tanto de poblaciones "indígenas" como de otras participaciones públicas voluntarias. Por una cantidad entre 100 y 126 dólares cualquier persona puede obtener un kit de prueba para recoger una muestra de su ADN que ayudará a reconstruir el linaje ancestral humano, sobre todo gracias al análisis del ADN mitocondrial y los cromosomas Y. Hasta junio de 2007 la empresa contaba ya con 210.000 participantes.

La razón por la que los genéticos de poblaciones desean reconstruir la historia de nuestro linaje es que la variabilidad genética que representan los pocos enclaves "indígenas" supervivientes enfrentan hoy una amenaza de extinción comparable al de las "culturas" o las lenguas; en el siglo XVI se hablaban en el mundo unas 15000 lenguas, de las que sólo sobreviven unas 6000 y se calcula que el 90% se habrán perdido definitivamente a fines de siglo. En plena era de la globalización, son muy pocos ya los enclaves indígenas con haplogrupos muy relacionados entre sí, y los escasos pueblos de cazadores-recolectores (como los Hadzabe de Tanzania o los bosquimanos del desierto del Kalahari) representan muestras muy excepcionales.

Sin embargo, pese a esta ideología eminentemente "conservacionista", el proyecto genográfico empezó pronto a recibir fuertes críticas de parte de asociaciones en defensa de los "pueblos indígenas". La más destacada oposición partió en 2005 desde el Consejo de los Pueblos Indígenas para el Biocolonialismo (ya el título se las trae...) que consideraban el proyecto una reedición de la "piratería biológica" (biopiracy) ensayada presuntamente por el Proyecto para la Diversidad del Genoma Humano en 1993, y que no logró encontrar entonces el apoyo de la UNESCO. Le`a Kanehe, una activista indígena hawaiana, ponía esta ambiciosa empresa en línea nada menos que con la "ciencia racista":
Es interesante ver como en el pasado los científicos racistas, como los del movimiento eugenista, efectuaron estudios asegurando que somos biológicamente inferiores a ellos; y ahora dicen que su investigación mostrará que todos estamos relacionados con todos y que compartimos los mismos orígenes. Ambas empresas se basan en una ciencia racista y producen conclusiones tan inválidas como dañinas sobre las culturas indígenas.
Este mismo 20 septiembre los activistas indigenistas volvían a lamentarse por un premio que Spencer Wells acababa de recibir en Washington, la capital del bioimperio.

¿Por qué protestan? Una importante razón para comprender la reacción de los "pueblos indígenas" es la sospecha de que las investigaciones terminarán cuestionando ciertas asunciones comunes sobre los derechos a la tierra que reclaman algunos activistas indigenistas. En cierto modo, el estudio podría triturar (como de hecho tritura) la idea de que ciertos "pueblos" poseen derechos inalienables sobre tierras dado que supuestamente han sido habitadas por los mismos ocupantes prácticamente desde el inicio de los tiempos. Otra razón radica en la importante relativización de las diferencias etnogenéticas que se deriva del trabajo de Wells y socios. Al fín y al cabo, no es sólo que todos los seres humanos se encuentren fuertemente relacionados entre sí, formando de hecho una comunidad consanguínea, sino que los presuntos "hechos diferenciales" no pueden ya elevarse a la categoría de signos de distinción indeleble. La consanguinidad de los Habsburgo, por ejemplo, contaba entre sus rasgos diferenciales con una mutación genética que sólo lograba causar un molesta mandíbula inferior prominente. Y en cuanto a, nosotros, los vascos...

- ¿Y los vascos? ¿Su proyecto explicará de dónde salen?
- ¡Los vascos son idénticos al resto de iberos! Tienen ligeras frecuencias distintas, propias de una población aislada de iberos (Vía Criterio).
En realidad, tanto la ideología del proyecto como sus supuestos científicos básicos son fundamentalmente contrarios al racismo. Es más, la insistencia de Wells en desacreditar los presupuestos de la "ciencia racista" es tan explícita en su trabajo que a veces parece innecesaria. Nuestros orígenes deja claro que la biología moderna descredita la idea de que el género humano se encuentra dividido en ciertas "razas" consideradas como variedades degeneradas o subespecies. De hecho, sabemos que la variabilidad genética del homo sapiens es singularmente escasa comparándola con nuestros parientes más cercanos, los grandes simios, pese al hecho de que los sobrepasamos en número varias veces. La razón parece remontarse al "cuello de botella de población" que nuestra especie atravesó hace unos 100.000 años, y al hecho de que la mayoría de los humanos actuales proceden de la gran explosión demográfica provocada por la invención de la agricultura hace 10.000 años. Desde que Lewontin acreditara que más del 85% de la variación genética humana de los individuos se localizaba dentro de sus propias poblaciones, las evidencias se han acumulado a favor de la hipótesis monogenista y, en consecuencia, de la estrecha consanguinidad del único homo superviviente, ante todo tras la "revolución de la movilidad" acaecida gracias a la industrialismo y la aceleración de la civilización comercial del siglo XIX.

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Resultaría sorprendente, si no fuera porque la historia siempre se repite, observar este racismo inverso entre los activistas que aseguran defender hoy los derechos indígenas. En el caso del Proyecto Genographic, a la oposición tradicional que encuentran los biólogos que intentan abordar asuntos declarados tabú de antemano (como el mismo concepto de "raza" o incluso de "naturaleza humana") se une el fuerte componente privado y quizás "capitalista" del proyecto. Recordemos que el mismo Proyecto Genoma Humano culminó en 2000, un año antes de lo previsto, espoleado por la iniciativa privada de la empresa alternativa creada entonces por Craig Venter (que acaba de anunciar la invención del primer cromosoma artificial). La combinación del capitalismo privado, la nacionalidad de los promotores y el carácter biológico de la investigación, debe resultar explosiva, sin duda, para quienes pretenden un objetivo tan alto como despejar la amenaza del "biocolonialismo".