15 ago. 2013

Cuándo es conveniente hablar de inteligencia

Un nuevo trabajo científico, publicado en Personality and social psychology review evidencia que las personas ateas tienden a ser más inteligentes. El artículo es un metaanálisis basado en 63 estudios de correlación entre inteligencia y religiosidad.

Esta asociación no es nueva. El “controvertido” psicólogo evolucionista Satoshi Kanazawa ha publicado distintos trabajos en donde se evidencia la misma correlación. Kanazawa es partidario de la “hipótesis de la sabana”, según la cual algunos comportamientos “evolutivamente novedosos”, entre los que figuraría el ateísmo (pero también la homosexualidad, o trasnochar) atraen más a los individuos más inteligentes. Los autores del nuevo trabajo esbozan tres hipótesis nuevas: 1) Los ateos son más incorfomistas y más resistentes a aceptar dogmas religiosos; 2) los ateos tienden a emplear un pensamiento analítico que socava las creencias religiosos y 3) una superior inteligencia puede compensar algunos de los buenos efectos causados por la religión, como el autocontrol o la seguridad en sí mismo.

Uno de los medios que han publicado una reseña de este artículo es el diario digital español eldiario.es: Cuánto más inteligentes, menos creyentes.

¿No resulta sorprendente que un diario “progresista” de crédito a un trabajo científico que 1) considera válido el concepto científico de inteligencia general y 2) considera igualmente válido el estudio de la distribución de este rasgo entre distintas poblaciones humanas?

Súbitamente, las objeciones tradicionales contra los estudios de inteligencia, como que “los test no miden realmente la inteligencia sino la habilidad para hacer tests” o que la inteligencia general es una adaptación compleja distribuída uniformemente en todos los grupos humanos, han desaparecido en este caso sin dejar rastro.

¿Publicarían los medios ideológicamente afines una noticia científica que evidenciara diferencias en la distribución de la inteligencia entre razas, o entre sexos?

Esta es mi predicción: si a algún redactor científico de algún diario "progresista" se le ocurre hacer una reseña favorable del trabajo de Kanazawa, Lynn, Murray, o cualquiera de los científicos acreditados que sí creen en la asociación (genética, no sólo ambiental) entre raza e inteligencia, o entre sexo e inteligencia, lo más probable es que los mismos que ahora aplauden en general el descubrimiento de que los ateos son más inteligentes organizasen una campaña para pedir la cabeza del periodista. Lo más frecuente, en este tipo de discusiones, no es conformarse con disentir, sino además exigir la supresión del disenso inconveniente (no sólo simplemente erróneo).

El dato parece ser cierto: realmente los ateos tienden a ser más inteligentes (también somos más autistas, si queremos decirlo todo). La cuestión es que incluso en el inmaculado “periodismo científico” importa más encajar en el relato que decir la verdad.