23 ene. 2013

Nadie habla de misandria en la fundación “Ideas”

Hoy se ha conocido que "Amy Martin" era en realidad un pseudónimo de Carlos Mulas (*) fabricado exprofesamente para extraer recursos económicos de la fundación Ideas e, indirectamente, de todos los contribuyentes españoles.

Esta fabulosa Amy Martin publicó varios artículos en la página web de la fundación, entre ellos uno reciente en el que reflexionaba sobre “el lugar de la mujer” (**). Como es frecuente en el discurso del feminismo de género, el “lugar” al que se refería coincidía fundamentalmente con el de las mujeres profesionales de alto status. Hay que recordar que el PSOE apoya la campaña de los socialistas europeos para imponer “cuotas de género” en los consejos administrativos de las principales empresas europeas, amenazando con “consecuencias concretas si estos objetivos no se han logrado”.

El caso Mulas es uno más en la sangría de corruptelas y grandes corrupciones que están dejándose al descubierto últimamente en España, y por tanto comparte causas genéricas con los demás casos de corrupción política.

Una de las causas por las que los políticos pueden ser corruptos se me ocurrió hace poco leyendo a Charles Murray que, citando a David Brooks, menciona el desequilibrio entre el status y los ingresos como un fenómeno característico de las últimas décadas. Básicamente, este desequilibrio alude a que, desde los años sesenta del siglo pasado, ha aumentado mucho la disparidad entre el status de ciertas clases sociales y cognitivas, como profesores de universidad, y las clases más adineradas en la economía global. Los políticos y los profesores de universidad tienen ingresos comparativamente muy superiores a los de las clases sociales más bajas, pero habitualmente se codean con una élite financiera y empresarial que multiplica varias veces su poder adquisitivo. Esta disparidad unida a una aversión natural a la inequidad, según conjeturo (no pretendo que esto sea más que algo de "food for thought"), podría estar facilitando más que nunca que los políticos actuales vean como algo más “natural” unos procedimientos de corrupción que les permitan acortar las distancias.

Pero el caso Mulas tiene una causa específica que ni siquiera parece llegar a verbalizarse. Mulas no sólo es un corrupto sino un corrupto ideológicamente motivado. Todo el mundo habla de corrupción, pero nadie habla de misandria.

Desde el punto de vista de la evolución humana, tiene mucho sentido que los hombres de alto status empleen los métodos a su alcance para quitarse de en medio a otros competidores masculinos. Los hombres, como razona Roy Baumeister en su libro no publicado en español, no acostumbran a ver naturalmente a las mujeres como la competencia, sino como la recompensa. Por otra parte, también se empieza a saber que a los hombres nos falta un mecanismo automático de solidaridad de grupo que sí habría evolucionado en las mujeres. Dicho brevemente: a las mujeres les gustan más las mujeres de lo que a los hombres les gustan los demás hombres... Quizás esto mismo explica que el término "misoginia" siga considerándose culturalmente mucho más aceptable que el término "misandria".

Teniendo en cuenta estas constricciones de la naturaleza humana, es una expectativa racional que los hombres de alto status empleen desde métodos “fuertes” de agresión y competencia contra otros hombres hasta métodos “suaves”, como sexismo benevolente, y últimamente el mismo feminismo político de género, con su inherente misandria antimasculina, con el fin preponderante de hacer avanzar sus carreras. Los políticos o académicos de alto status tienen realmente intereses evolutivos previsibles para rodearse de "harenes" profesionales libres de competencia masculina. Últimamente, el único defecto de Mulas fue haber empleado un método demasiado grosero.


(*) Por lo visto, la verdadera Amy Martin es en realidad Irene Zoe Alameda, esposa de Mulas y creadora de asombrosas expresiones como "diatriba hogar-trabajo", que ha tenido a bien justificar su actuación como un "experimento" literario.

(**) La autoría de este artículo parece haber desaparecido o no figurar en la página de la fundación, pero se mantiene haciendo una sencilla búsqueda (también aquí).