29 ago. 2012

¿Por qué algunas mujeres se oponen al aborto?

Ann Romney

Para muchos la respuesta es simple: las mujeres (y hombres en su caso) se oponen al aborto porque están genuinamente preocupadas por el "derecho a vivir" de los óvulos fecundados. Fin de la discusión.

Esta respuesta deriva de una lectura literal de la ideología llamada pro-vida, alentada sobre todo por instituciones y autoridades religiosas conservadoras, pero existe una alternativa menos altruísta explicada por Dan Kahan y que tiene que ver específicamente con la cognición cultural, es decir, con la "tendencia de los individuos a ajustar sus percepciones sobre hechos con consecuencias legales a los compromisos sostenidos por sus grupos de referencia". Las mujeres conservadoras podrían oponerse al aborto porque el aborto libre amenaza su status social comprometido con un estilo social jerárquico, especialmente el de aquellas mujeres mejor situadas. Kahan recuerda una tesis de Kristin Luker, autora de Abortion and the politics of morherhood (cursiva mía):

La controversia no enfrenta a hombres contra mujeres, sino a mujeres de un estilo cultural contra otras. Aquellas que están en el lado "pro-vida" consisten desproporcionadamente en mujeres comprometidas con normas jerárquicas que confieren estima a mujeres que tienen éxito en sus roles domésticos como esposas y madres. Estas entienden que los derechos abortivos denigran estas normas, y en consecuencia amenazan su status: el "aborto bajo demanda" connota un compromiso social para permitir que las mujeres escapen de las limitaciones que impone la maternidad en la búsqueda del éxito profesional y de mercado, y en el disfrute sexual fuera de las relaciones en las cuales las mujeres dependen de los hombres. Precisamente porque los derechos abortivos apoyan estos significados sociales, además, las activistas favorables a la elección (pro-choice) consisten desproporcionadamente en mujeres comprometidas con un estilo igualitario.

La más interesante conclusión que se puede extraer de la literatura científica, según Kahan, es que este tipo de conflictos no describirían una oposición fundamental entre la ciencia y el conservadurismo, y tampoco una guerra de sexos, sino un conflicto entre mujeres con diferente cognición cultural y con intereses heterogéneos difíciles de reconciliar mediante el ingenuo mecanismo de utilizar el "pensamiento crítico" y analizar las evidencias científicas. Son estas diferencias culturales las que aún explican las feroces divergencias en torno al aborto o la legislación sobre delitos sexuales. Si el rechazo a los llamados "derechos reproductivos" por parte de los conservadores forman parte de una "guerra contra las mujeres", se trata esencialmente -por así decirlo- de una "guerra civil".