8 ago. 2012

¿Nos acerca “Curiosity” a la colonización del espacio?

El astromóvil "Curiosity". Wikimedia Commons


El ser humano lleva siglos fantaseando con extraterrestres y marcianos. Pero según Borges sólo después de Kepler, autor de un "sueño astronómico" sobre serpientes lunares, los viajes espaciales empiezan a ser considerados una posibilidad no estrictamente fantástica. Esto aparece en el prólogo a las Crónicas marcianas, una especulación todavía algo tosca (lo siento, es que a mí no me gusta Bradbury). Quizás la tentativa literaria más seria para explorar la conquista humana de Marte coincide con la famosa trilogía de Marte de Kim Stanley Robinson, publicada en los años noventa. También hay algunas películas recientes, en tono menor, que en cualquier caso nos han familiarizado con el paisaje rojo durante los últimos años, mientras languidecían las expectativas reales de la carrera espacial.

Pero la influencia cultural de la literatura no se debe menospreciar. Los españoles deberíamos recordar ahora hasta qué punto influyó el Amadís de Gaula en la historia del descubrimiento y conquista de América.

A falta de humanos, la NASA acaba de cosechar un éxito al situar en Marte al humanizado astromóvil Curiosity, que no deja de recordar a otro cachivache de la ciencia-ficción y de Walt Disney: WALL·E. Al igual que Curiosity, WALL·E también tenía que habérselas en un planeta deshabitado, en aquella ocasión devastado por el exceso de basura acumulada por la civilización.

El éxito de Curiosity en cierto modo ha reanudado el optimismo espacial y quizás ha dado a EE.UU una ligera ventaja en la cada vez menos soterrada competencia espacial con China. Actores menos importantes, como los responsables del proyecto 100-Year Starship consideran que pese a las debilidades presupuestarias, ahora podríamos estar algo más cerca de una civilización espacial:





100YSS es un proyecto conjunto de la NASA y de la Agencia Nacional para la Defensa de EE.UU para impulsar los viajes interestelares en el plazo de los próximos cien años, que de todos modos no parece disfrutar de un gran respaldo financiero. Por ahora parece una iniciativa propagandística bastante modesta, de la que hay algunos antecedentes

No es que ser un pesimista espacial sea un plato de buen gusto. En estos momentos en particular la idea de exiliarse en otros planetas del sistema solar es bastante atractiva. Pero por desgracia no es demasiado probable que tengamos la ciencia ni el dinero adecuado para abandonar la Tierra por ahora.