30 abr. 2012

Teología con hábitos seculares

El legado del romanticismo y el idealismo del siglo XIX ha creado nuestro mundo intelectual, no gobernado por la mente secularizada y científica sobre la que han escrito muchos historiadores, sino, al contrario, por una visión del mundo fundamentalmente cristiana a la que sencillamente se ha despojado de sus rituales y signos externos. Por esa razón la obra de los autores radicales que se reunieron en el salón de D'Holbach ha perdido muy poco de su frescura, de su capacidad de impactar e inspirar reflexiones constructivas acerca de nuestro paisaje cultural, científico y político. Seguimos forcejeando con muchas de las cuestiones sobre las que escribieron Diderot, D'Holbach y sus amigos, y aún no hemos aprendido la lección: todo debate filosófico o moral debe partir de datos científicos. 
— Philipp BlomGente peligrosa. El radicalismo olvidado de la Ilustración europea (Pág. 25)