11 feb. 2012

“Junto al microscopio, poned la bandera nacional”

Hoy se considera de buena nota seguir la opinión de que la ciencia no conoce patrias, ya que el conocimiento cientifico se identificaría con el universalismo cosmopolita. La verdadera opinión "científica", según esta ideología tan extendida, se asemejaría al punto de vista cósmico de Carl Sagan. En efecto, cuando uno se sitúa a una distancia de 6.000 millones de kilómetros del planeta tierra, las disputas sectarias características de los seres humanos se convierten en fruslerías. Según esta misma opinión, ya que la ciencia es cosmopolita, no deberíamos preocuparnos lo más mínimo por los constantes barbarismos y préstamos que encontramos en el lenguaje científico, la mayoría de procedencia angloparlante. Un ejemplo es el uso de paper en lugar de artículo, que se ha generalizado en la comunidad hispanoparlante, y que suele justificarse por una presunta economía conceptual, si bien no es difícil adivinar un aparejado desprecio contra todo particularismo nacional, considerado como la antítesis de la ciencia.

Me ha parecido interesante contrastar esta opinión "cosmopolita" con el ardor patriótico del científico español más ilustre, Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), que escribía esto en sus famosas Reglas y consejos sobre la investigación científica (1898):

A los profesores de todas clases -físicos, químicos, ingenieros, naturalistas, médicos, filósofos, sociólogos, etcétera, les diría: Trabajad hoy más que nunca por la creación de una ciencia original y castizamente española. No bastará para nivelarnos con los países cultos progresar según el ritmo perezoso de siempre; tan rezagados como estamos, que será preciso concentrar en breves años la energía productora de dos siglos. Si para la magna y redentora empresa os falta valor, rodeaos de estímulos poderosos, de esos excitantes morales que caldean el cerebro e hipertrofian el corazón: insultos que provoquen el trabajo iracundo, recuerdos que aviven continuamente el amor a la patria; o, en otros términos, junto a la retorta, la balanza o el microscopio, poned la bandera nacional que os recuerde constantemente vuestra condición de guerreros (que función de guerra, y hermosísima y patriótica, es arrastrar secretos a la Naturaleza con la mira de defender y honrar a la patria), y tened a la vista, escritos en gruesos caracteres para que toda distracción sea imposible, esas amargas frases de desprecio, esas palabras de depresiva conmiseración y esas punzantes ironías con que escritores extranjeros nos han echado mil veces en cara nuestra falta de originalidad y nuestra pretendida incapacidad para la labor científica.

Este ensayo de Ramón y Cajal está, por otra parte, repleto de patriotismo y referencias explícitas a España, aunque según unos parámetros ideológicos diametralmente distintos a la "ciencia española" de Menéndez Pelayo.