17 may. 2011

¿Se contradice a sí mismo el naturalismo?

– Publicado por Tom Clark en Naturalism.org

En una reseña de El espejismo de Dios para Christianity Today, el filósofo de Notre Dame Alvin Plantinga argumenta que el naturalismo es "auto-contradictorio y no puede ser creído racionalmente." Si, tal y como afirman los naturalistas, no hay un Dios guiando el proceso evolutivo, entonces no hay razón para pensar que nuestras facultades cognitivas sean fiables a la hora de proporcionarnos creencias verdaderas sobre el mundo. Dado que no podemos confiar en nuestras facultades cognitivas, cualquier conclusión a la que lleguemos sobre el mundo no es digna de confianza, incluyendo la afirmación de que la evolución no está guiada. En consecuencia, el naturalismo sobre la evolución (o sobre cualquier otra cosa) es autocontradictorio y debe ser abandonado. Para que podamos confiar en nuestras propias creencias (¿y es que no debemos confiar?) es preciso que Dios exista, y es preciso que haya guiado la evolución.

Este argumento, conocido como el Argumento Evolucionista Contra el Naturalismo, es maravillosamente pulcro, una delicia racionalista reminiscente de otras pruebas de Dios desde la poltrona, tales como el argumento ontológico de san Anselmo. ¿Entonces por qué no se convence inmediatamente a los naturalistas? ¿Es que estamos siendo increíblemente arrogantes e incapaces de admitir un error tan colosal? Posiblemente, a nadie le agrada que prueben su error. Dice Plantinga:

El naturalista puede estar razonablemente seguro de que la formación neurofisiológica de la creencia subyacente es adaptativa, pero nada se sigue sobre la verdad de las creencias dependiendo de la neurofisiología. De hecho, deberá admitir que es improbable, dada la evolución no guiada, que nuestras facultades cognitivas sean fiables. Dada la evolución no guiada, es tan probable que vivamos en una especie de mundo de ensueño como que sepamos realmente algo sobre nosotros y sobre el mundo.

Según el punto de vista de Plantinga poseemos cierta capacidad adicional no neurofisiológica conferida por la evolución guiada que hace que nuestros procesos cognitivos sean fiables, algo que nos hace buscadores de la verdad de un modo distinto al de las criaturas meramente físicas. Uno se pregunta qué es esto y cómo opera. Afirma que:

Desde un punto de vista teísta, esperamos que nuestras facultades cognitivas deberían ser (en su mayor parte, y dadas ciertas cualificaciones y advertencias) fiables. Dios nos ha creado a su imagen, y una parte importante del soporte de nuestra imagen es nuestra semejanza con él a la hora de formar creencias verdaderas y conseguir conocimiento.

No conociendo la mente de Dios (nadie la conoce, después de todo), Plantinga no puede ofrecer muchos detalles sobre la habilidad sobrenatural de Dios (y la nuestra) como buscador de verdad, pero sabemos que existe. Después de todo, sí que buscamos la verdad (o de otro modo no podríamos confiar en nuestro propio razonamiento) por lo que debemos poseer esa habilidad, y sólo Dios podría dárnosla.

Por supuesto, a los naturalistas nos gustaría saber algo más de todo esto. Nos encanta poder explicar las cosas, y en ausencia de una explicación transparente y convincente sobre esa capacidad cognitiva sobrenatural, y sobre cómo opera, tendemos a dudar de su existencia, incluso si eso deja nuestras afirmaciones de verdad peligrosamente sin apoyo, de acuerdo con Plantinga. No nos incomoda particularmente el argumento racionalista de que las criaturas meramente físicas no pueden buscar la verdad. Necesitamos una explicación que justifique por qué las criaturas sobrenaturales lo hacen mejor. Esta explicación, conectada con el resto de la ciencia, sería muy importante para establecer la verdad, el hecho, de una cognición no física. Para nosotros, los hechos están asegurados por el papel que juegan dentro de explicaciones transparentes. En nosotros, el empirista gana al racionalista. Este mismo prejuicio a favor de la claridad explicativa estimula a los naturalistas para buscar una noción de la búsqueda de la verdad menos misteriosa, es decir, una noción naturalizada que pueda darnos un mínimo de confianza, si no la absoluta certeza, de que estamos dando sentido al mundo.

Esta noción, por supuesto, es exactamente la idea de creencia adaptativa que Plantinga rechaza. Hemos sido seleccionados por presiones evolutivas (una carrera cognitiva sin piedad) para convertirnos en mejores modeladores del mundo fuera de nuestras cabezas. ¿Cómo podemos juzgar la verdad del modelo? Pragmáticamente, observando las consecuencias que se derivan de actuar sobre él. ¿Nuestras creencias se confirman en la experiencia posterior, o no? Si lo hacen, esto las valida como verdaderas, y esto es todo lo que precisamos como criterio de verdad: la eficacia de las creencias a la hora de predecir aquello con lo que vamos a encontrarnos. Si existe un criterio posterior de verdad entonces necesitamos saber cómo funciona y que garantía añade al test práctico de caminar con éxito por el mundo. De otro modo, seguiremos confiando en las conclusiones de nuestro modelo, nuestro razonamiento y nuestras creencias, en función de nuestras propias luces.

La creencia de que la evolución es un proceso no guiado es una conclusión que ha sido continuamente validada por la mejor, las más económica y más predictiva teoría científica sobre el desarrollo de las especies: la selección natural. Cada hecho de la teoría está motivado por jugar un rol dentro de una explicación transparente, y cada hecho ha sido confirmado por la investigación posterior. La verdad de la teoría tiene que ver con el modo en que es capaz de hacer predicciones y de conformarse con evidencias intersubjetivas posteriores reunidas por la comunidad científica, siguiendo los cánones de la transparencia explicativa y de la parsimonia. Hasta el momento, no se precisa una inteligencia guia para dar cuenta del origen de las especies. No existe ninguna evidencia independiente para una entidad semejante, no existe ninguna especificación de sus características, y su modo de actuar resulta oscuro para decirlo suavemente. En consecuencia, Dios no desempeña ningún papel útil en la visión científica de la evolución. Por supuesto, siempre es posible añadir a Dios como iniciador, en cierto sentido como un control remoto. Pero esto no aporta nada transparente o predictivo a nuestra comprensión de la especiación, y por ello no aparece en la teoría.

De modo más general, las afirmaciones sobre la existencia de Dios no tienen valor teórico (o práctico) a la hora de hacer predicciones testables sobre el mundo. El hecho de que mucha gente, sin embargo, crea en Dios, sugiere que la creencia es producida por factores no cognitivos, tales como el miedo a la muerte, el deseo de reunirse con los seres queridos en el más allá, la necesidad de afiliación y comunidad, etc (véase el artículo Why Do We Believe). De hecho, una comprensión científica de la creencia en Dios acaso mostraría exactamente el mismo tipo de desconexión racional de la realidad que según Plantinga implica el naturalismo.

En cualquier caso, podemos ver que Plantinga está equivocado cuando afirma en su reseña que "el naturalismo implica que la evolución no ha sido guiada." No es el naturalismo, sino la ciencia en la medida en que sigue su método, la que sostiene que la evolución no ha sido guiada. El naturalismo, como visión del mundo, consiste simplemente en tomar las afirmaciones de la ciencia como ontológicamente decisivas para especificar lo que últimamente existe. Esto significa que Plantinga también está equivocado al decir que "el naturalismo está en conflicto con la doctrina principal de la ciencia contemporánea (la evolución)." Si la ciencia, conforme a sus cánones de adecuación explicativa, pudiera demostrar un papel para Dios guiando la evolución, entonces los naturalistas aceptaríamos felizmente esa conclusión. Pero por supuesto en tal caso Dios habría sido naturalizado, integrado dentro la visión científica del mundo.

Plantinga plantea la posibilidad de que, si nuestras capacidades cognitivas son meramente físicas, estamos viviendo en un sueño. Esta posibilidad, igual que el escepticismo global, es algo con lo que los naturalistas pueden vivir sin problemas si el único remedio consiste en postular a Dios. Este remedio es peor que la enfermedad, dado que requiere abandonar nuestro compromiso con la transparencia explicativa como piedra de toque de la verdad factual. De hecho, los naturalistas somos constitutivamente incapaces de abandonar nuestra demanda de explicaciones basadas en evidencias claras, incluso si ellos nos hace vulnerables a las críticas racionalistas. Creemos disponer de una cuestión razonable que los críticos deben responder: ¿Concretamente por qué es preferible un esquema sobrenaturalista y no fisicalista para segurar la fiabilidad de nuestras creencias a la "mera" adaptación?

Por supuesto, nada de esto alterará en lo más mínimo a Plantinga y demás racionalistas sobrenaturalistas (tales como John F. Haught), puesto que no están comprometidos con la transparencia explicativa sino con el descubrimiento de fundamentos inalcanzables de la razón (y de la ética). Tales fundamentos, según argumentan, no pueden ser proporcionados por un mundo cuyos últimos constituyentes son inherentemente no mentales. Sólo podemos confiar en Dios.

Así sea. Algunas personas desean certezas del tipo que Dios puede proporcionar y otras no. Algunas desean explicaciones del tipo que la ciencia puede proporcionar, y otras no. Entre tanto, y en la medida en que sobrenaturalistas y naturalistas no se demonicen entre sí, podemos continuar disfrutando con algunos buenos argumentos.