13 abr. 2011

Las mujeres cristianas (católicas o protestantes) ignoran la “moral sexual religiosa”

Según un informe que hoy ha dado a conocer Guttmacher Institute [PDF], las mujeres estadounidenses emplean anticonceptivos como norma, independientemente de cuál sea su afiliación religiosa. Este estudio, basado en una muestra de 7.536 mujeres entre 15 y 44 años, destruye el mito de que las fuertes creencias religiosas son un obstáculo real a los métodos "no naturales" de planificación familiar.

Los autores piensan que el trabajo tiene consecuencias para las políticas públicas si los gobernantes desean adecuarse a las verdaderas necesidades de la población, con independencia de las ideologías de las jerarquías religiosas, tan drásticamente apartadas de la realidad: "El nuevo informe muestra que la oposición a la contracepción por parte de la jerarquía católica y otras organizaciones socialmente conservadoras no se refleja en los comportamientos reales y en las necesidades de salud de las mujeres católicas o evangélicas". Entre otros hallazgos, el estudio muestra que "Entre todas las mujeres que han practicado sexo, el 99% han usado métodos contraceptivos distintos de la planificación familiar natural" y que estos datos son virtualmente los mismos entre las mujeres católicas (98%).

En resumidas cuentas, una evidencia más que confirmaría la intuición de Holbach y otros pioneros críticos sobre la impracticabilidad de la moral religiosa (o al menos sobre lo poco dispuestas que están las personas para practicarla). Con independencia de las creencias de los ideólogos, los hechos siempre terminan desmintiendo que las necesidades reales, de acuerdo con la ética de la tierra, coincidan con los utópicos, impracticables y muchas veces perturbadores mandatos de la "moral religiosa".


Catecismo de la iglesia católica (2370):

La continencia periódica, los métodos de regulación de nacimientos fundados en la autoobservación y el recurso a los períodos infecundos (HV 16) son conformes a los criterios objetivos de la moralidad. Estos métodos respetan el cuerpo de los esposos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la educación de una libertad auténtica. Por el contrario, es intrínsecamente mala ‘toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio, hacer imposible la procreación’.