12 nov. 2010

La mentira del "laicismo agresivo" en cifras

Según el informe Global restrictions on religion de 2009 [PDF] España pertenece al grupo de países que experimentan en el mundo un menor grado de hostilidad social contra la religión y donde menos restricciones gubernamentales existen para la práctica religiosa. Merece la pena recordar que este informe de Pew Research Center's Forum on Religion Public Life guarda silencio acerca de las restricciones específicas contra los no creyentes y ateos.

Mapa de las restricciones gubernamentales a la religión.
Fuente: Pew Research Center, 2009


En España, la relación que mantiene el estado con la iglesia católica, con indiferencia del color del gobierno, no sólo no restringe la práctica de los creyentes de ningún modo significativo, sino que la financia masivamente. La iglesia católica recibió el año pasado 252 millones de euros, gracias al fascinante privilegio de la casilla en el IRPF (del que no goza ningún otro grupo religioso o secular), y otros 6.108 millones para financiar actividades educativas y "sociales". El estado también mantiene intacto el último concordato con el Vaticano de 1979, del que se derivan otros privilegios no menos fascinantes, como la exención de impuestos para colegios religiosos, la exención a los obispos del pago del IBI (Impuesto sobre bienes inmuebles) y la asombrosa independencia de la asignatura de religión, cuyo material didáctico y profesores son escogidos por la jerarquía eclesiástica.

A pesar de este fervoroso apoyo estatal y de una infatigable ingeniería social religiosa from cradle to tomb, todas las encuestas apuntan hacia un descenso constante de la religiosidad de los españoles en las últimas décadas. Sólo desde 1992 la adhesión al catolicismo ha descendido en conjunto del 87 al 73%. Según el barómetro del CIS [PDF] de enero de 2009 el porcentaje de "no creyentes" asciende al 11.5% y el de ateos al 7.5%. En total, sumamos unos 9 millones.

Claramente, en España no existe "laicismo agresivo" en el estado (ni siquiera existe "laicismo" a secas), como denunció el papa y repiten constantemente sus seguidores. Y la "hostilidad" social contra la iglesia católica es como mucho un tema de tiras cómicas o un residuo folklórico, aunque convenientemente explotado. De hecho, con una opinión pública cada vez más vulnerable al capricho del clericalismo más extremista, quienes podemos estar en riesgo somos los no creyentes.