11 nov. 2010

El papel de las madres en la evolución humana

En el último monográfico de la revista Mètode, sobre la "naturaleza humana", Paula Casal (vicepresidenta del proyecto Gran Simio) critica lo que llama "reduccionismo tradicional masculino y centrado en la guerra". Este relato tradicional, que aparecería ejemplificado en el cinematográfico "femurazo" con el que se abre paso la banda de homínidos victoriosa en las primeras escenas de 2001. Una odisea en el espacio, debe compensarse en opinión de Casal con el reconocimiento del papel de las madres en el proceso de la "humanización". Cualquiera de los procesos en los que nos fijemos, conducta protomoral, protolingüística, prototecnológica, desde la educación de los sentimientos morales hasta la reforma de la dieta, todos reivindican un papel central para las madres. Según este "punto de vista materno" de la evolución, la conducta protomoral de los homínidos no depende esencialmente de la guerra, sino del cuidado infantil y de la transmisión materna de la cultura y la empatía: "El garrotazo es la barbarie, la empatía es la civilización" (Rifkin arriesga aún más al afirmar que la empatía es también "el alma de la democracia"). El amor al bebé, no la guerra, hizo a la civilización:

Al parecer -por los datos genómicos y fósiles-, en los orígenes de nuestra especie éramos poquísimos. No teníamos gran necesidad de enfracasrnos en una guerra fratricida que, siendo tan pocos, podría haber sido nuestro fin. Sin embargo, se piensa que, al menos entre los machos, había altos niveles de agresividad. Luego nos fuimos tranquilizando, nos hicimos menos brutos, menos polígamos, disminuyó nuestro dimorfismo sexual, aumentó el cerebro y el papel del padre y nos hicimos más "humanos". Es probable que, en lugar de un sólo factor, varios factores coevolucionasen, quizás estando todos ellos relacionados con un mismo reto: cómo sacar adelante a los bebes.

Necesitamos generar, según Casal, una nueva imagen del proceso humanizador que no sea "beliocéntrica".

La que tenemos ahora es una extensión tradicional de la historia como sucesión de glorias bélicas y masculinas. La que deberíamos tener presta más atención a modestas tareas cotidianas como cuidar a quien lo necesite, preparar comidas seguras y nutritivas y enseñar motherese.

El problema es que estas dos fascinantes "imágenes" en absoluto tienen por qué ser excluyentes y, desde luego, no podemos aceptar una hipótesis acerca de la evolución humana sólo porque nos caiga más simpática. La guerra fratricida, de hecho, podría haber influido realmente en la evolución humana, como muestra Sam Bowles. Es más, los mismos mecanismos físicos que aparentemente apoyan la imagen más dulce de nuestra evolución, como el papel que desempeña la oxitocina en la empatía social, ahora sabemos que también podrían estar involucrados en la cohesión de las coaliciones agresivas. Dicho de otro modo, la misma hormona que sirve para estrechar los lazos entre la madre y sus hijos, sirve para formar coaliciones agresivas entre machos que acaban dando "femurazos" a los extraños.

 "Si hay un rasgo único que nos humaniza es la
empatía." Wikimedia Commons


Relacionados: El origen infantil de la moral, El origen y la función común en la comunicación madre-hijo en primates y en humanos, El impacto de la crianza cooperativa de los niños en la evolución de la cognición humana



Casal, P. (2010). La humanización no es solo cosa de hombres Mètode. Revista de difusión de la investigación, 67, 85-90