31 jul. 2010

Para el ser humano, el ateísmo y la religión son "naturales"

Los no creyentes somos una gran fuerza mundial defectuosamente organizada. Phil Zuckerman estima que entre 500 y 700 millones de personas no creerían en dios en todo el mundo, una magnitud sólo por detrás de cristianos, hindúes y musulmanes. En las democracias europeas más avanzadas el número de ateos, agnósticos y no creyentes casi es equiparable ya al de creyentes. Según el último barómetro del CIS, sobre el 15% de los españoles se declaran "no creyentes" y casi el 8%, es decir, más de tres millones y medio de personas, se declaran ateos. La tendencia hacia la secularización, que sólo es contenida por la demografía religiosa (las naciones más religiosas tienen más hijos), ni siquiera se detiene en los EE.UU., como prueban todas las encuestas y análisis serios. Según Paul y Zuckerman, la aparente "excepción" norteamericana a la teoría de la secularización, no hay que buscarla en el indeleble "espíritu" religioso del pueblo, sino en sus particulares condiciones socioeconómicas:

Más que considerar a la religión como una parte integral del carácter americano, la razón principal por la que los Estados Unidos es la única democracia próspera que mantiene un alto nivel de creencia y actividad religiosa consiste en que posee unas condiciones socioeconómicas por debajo de la media y un alto nivel de desigualdad (...) Para decirlo crudamente, el nivel de religiosidad popular no es un asunto espiritual, en realidad es el resultado de condiciones políticas y específicamente económicas (por favor, téngase en cuenta que estamos discutiendo tendencias largas y de gran escala, tendencias de población a largo plazo, no casos individuales). El rechazo masivo de los dioses florece invariablemente en el contexto de la prosperidad y la educación equitativamente distribuida en casi todas las democracias del primer mundo.

Pero la hipótesis socioeconómica es sólo una parte de la historia, de acuerdo con Geertz y Markússon. En un artículo publicado en la revista Religion, defienden que la hipótesis de la religión "natural", y del "ateísmo natural", se puede sostener al lado de las objeciones de Zuckerman, Paul o Rees, y que ya hemos comentado en este blog varias veces.

Como es sabido, los resultados de la ciencia cognitiva de la religión se enfrentarían en cierto modo a las teorías "no naturalistas" de Dawkins y Dennett que tienden a explicar el comportamiento religioso como el producto del contagio memético ("el virus de la fe") y del adiestramiento infantil. Geertz y Markússon subrayan que esta visión encajaría bien con la "ideología" del "nuevo ateismo", que no sólo rechazaría el carácter natural de la religión, sino que proporcionaría de pasada una especie de "tratamiento" a la ilusión religiosa. Aparentemente, la hipótesis memética podría dar cuenta sólo de pequeñas -aunque muy importantes- variaciones en la conducta religiosa, por ejemplo, por qué las personas creen en Visnú y no en Jesús, pero no por qué 1) la religión es un universal presente en todas las culturas, 2) por qué los agentes sobrenaturales están presentes en todas las variaciones religiosas y 3) por qué los rituales toman la forma que toman.

Geertz y Markússon consideran que "la religión no es ni una necesidad existencial 'cableada' en el cerebro ni un ejemplo de 'enfermedad mental' cultural". Dada la configuración cognitiva y la historia evolutiva del homo sapiens, el comportamiento religioso es un rasgo que probablemente cabe esperar  que tenga lugar, pero no es una necesidad, o una "adaptación" sin alternativas. El ateísmo, por otra parte, es un rasgo más improbable, "raro", en el sentido de Joseph Henrich, que aparecería en sociedades urbanas modernas occidentales. Justin Barrett ha argumentado también que la increencia plantea desafíos cognitivos difíciles de resolver incluso para el occidental culto.

Los autores, que reprochan a los "cognitivistas" su menosprecio de los puntos de vista culturales e históricos, discuten estas ideas:

Como con otros fenómenos humanos, el ateísmo es tan complejo como antiguo. Desde sus primeras expresiones escritas en la filosofía griega hasta su conexión aparente con la modernidad, afirma ser un fenómeno occidental. Pero este es un malentendido, como argumenta en Aberdeen el historiador de las religiones James Thrower, en su The alternative tradition. Ninguna de estas afirmaciones, argumenta Thrower, es correcta. Mantiene que la irreligiosidad, el ateísmo y el materialismo son tradiciones antiguas en muchas partes del mundo y llama "naturalismo" a la combinación de estas posiciones. Desde la publicación de Thrower, se ha vuelto a calibrar la cronología de los registros, pero el argumento básico se sostiene. Este tipo de convicciones se encuentran en varios lugares de la India durante el periodo védico tardío (700-400 a.C) y en una parte de los primeros upanishads (siglos 7-5 a.C), pero de modo más específico en tres movimientos heterodoxos: la escuela cärväka, el jainismo y el budismo (de los cuales el último surge alrededor del siglo 5 a.C). 

Para quien le interese, existe esta interesantísma página en Facebook dedicada al antiguo naturalismo indio. En España, bastaría con recordar la historia de nuestros heterodoxos para entender que el naturalismo ha constituído una tradición histórica, aunque oculta y demasiado cara de sostener en sociedades dominadas por el dogma.

Geertz y Markússon concluyen su trabajo con una breve prospección del "nuevo ateísmo", desbordando el enfoque "cognitivista", al enfatizar el florecimiento de condiciones no mentales que servirían para afianzar el movimiento y protegerlo del "desasosiego" de los medios y el activismo social. Este naturalismo no es simplemente algo que está pasando en el interior de nuestras mentes, sino que ha desarrollado en no demasiado tiempo instituciones sociales, nuevas referencias de autoridad y un complejo sistema de signos de identidad.



ResearchBlogging.org Geertz, A., &; Markússon, G. (2010). Religion is natural, atheism is not: On why everybody is both right and wrong Religion, 40 (3), 152-165 DOI: 10.1016/j.religion.2009.11.003