2 mar. 2010

La mujer que se enamoró de la torre Eiffel

Los dioses no son las únicas entidades, reales o imaginarias, que convertimos en casi humanos y con los que creemos relacionarnos. Antropomorfizamos corrientemente todo tipo de objetos y fetiches, animales, ordenadores, robots, automóviles... El caso de "Erika La Tour Eiffel", que llegó a "casarse" con la torre de hierro pudelado, o el de la mujer británica con síndrome de Asperger que se enamoró de su equipo de Alta Fidelidad, sólo se encuentran en el extremo de nuestra complicada cognición social.

Esta capacidad tan señalada para "humanizar" el entorno está guiada por los mismos procesos neurobiológicos que empleamos para pensar sobre las demás personas. Como vimos, la cognición social básica es la misma que nos permite creer en dioses y "relacionarnos" con ellos, lo cual avalaría la hipótesis de los comportamientos religiosos primarios como sub-producto de una evolución ancestral. El argumento se podría remontar por lo menos hasta Jenófanes en el siglo V a.C., cuando el filósofo se dió cuenta de que los dioses griegos se parecían demasiado a los propios griegos y que los dioses africanos se parecían demasiado a los propios africanos. Richard Feynman ha dicho algo similar recientemente, trasladando la argumentación a un contexto cosmológico.

Waytz, Epley y Cacioppo (2010) [PDF] nos invitan ahora a observar el proceso inverso a la antropomorfización: la des-humanización, particularmente de otros grupos sociales:

Si encontrarse aislado incrementa la tendencia a antropomorfizar agentes no humanos, la sensación de sentirse socialmente conectado podría incrementar del mismo modo la tendencia a deshumanizar a otras personas (...) La conexión social puede tener beneficios para la salud y el bienestar de la propia persona pero podría tener consecuencias desafortunadas para las relaciones intergrupales al permitir la deshumanización.

La atribución o negación de personalidad acarrearía importantes consecuencias morales. Los autores se refieren, por ejemplo, a las leyes norteamericanas que exigen a la mujer que vea la imagen de ultrasonido del feto antes de decidir abortar. Carol Sanger (2008) ha argumentado que esta ley reemplaza el consentimiento de la mujer con la coacción procedente de una nueva "política visual" que confunde las descripciones políticas con las científicas, aunque de todos modos es interesante que la estrategia antiabortista se centre ahora en la presentación de imágenes, de cuerpos humanizados, y no en argumentos más abstractos basados en la "animación" espiritualista del embrión.



ResearchBlogging.org Adam Waytz, Nicholas Epley, John T. Cacioppo, & (in press) (2010). Social Cognition Ubound. Insights into Anthropomorphism and Dehumanization Current Directions in Psychological Science