30 dic. 2009

Nuestra cognición social

Si en algun lugar natural podemos esperar encontrar los rasgos más únicos de la especie humana, probablemente es en la cognición social. Frith y Frith describen en este artículo publicado en Philosophical Transactions of the Royal Society los que consideran dos componentes esenciales de nuestro cerebro social. Por una parte, la teoría de otras mentes que nos permite predecir el comportamiento de los demás interpretando sus deseos, sentimientos e intenciones. Por otra, un "sistema espejo" que nos permite empatizar con las emociones de los demás mediante un mecanismo de "resonancia motriz".

Estamos preparados para detectar el movimiento biológico y simultáneamente percibir sus intenciones, lo que involucra en especial la parte posterior del surco temporal superior (pSTS). Se ha documentado que las personas con déficits como síndrome de Asperger (un tipo de autismo) muestran una menor actividad en esta parte del cerebro social. Aunque se discute hasta qué punto otras especies poseen una teoría de la mente, existe escasa controversia sobre nuestra habilidad única para leer las mentes de los otros y urdir engaños deliberados.

También se han identificado las áreas del cerebro (en concreto, la corteza parietal inferior y el giro frontal inferior) aparentemente asociadas con un "sistema espejo" análogo al que ya se ha identificado en otros primates.

En particular, la enseñanza deliberada parece ser un rasgo específicamente humano no encontrado en otras especies de primates sociales. Para ello, los niños deben ser capaces de reconocer los "gestos ostensivos" con los que sus educadores intentan llamar la atención, un proceso particularmente importante en la adquisición temprana del lenguaje. Al igual que aspectos importantes de la empatía, el papel de la corteza prefrontal también ha sido identificado para explicar las bases neurales de esta pedagogía natural sobre la cual se levanta el edificio de la cultura humana.

Otro aspecto esencial de la cognición social son las tendencias altruístas, que ya Adam Smith, en su teoría sobre los sentimientos morales, vinculaba con la búsqueda de reputación. Según Frith:

Una fuerza que nos conduce a cooperar es el deseo de construir una buena reputación. Una buena reputación es de inmenso valor en las interacciones sociales. Esto es ilustrado de forma muy viva por el así llamado efecto audiencia: te comportas de forma diferente, más empáticamente, más generosamente, si eres observado por otros.

En la construcción de la cooperación ser capaces de ofrecer las señales adecuadas es esencial para promover el comportamiento prosocial y poder resolver la situación que las ciencias sociales conocen como "dilema del prisionero".



Bad reputation: cognición social y paradojas de la cultura "pop"


ResearchBlogging.org Frith U, & Frith C (2010). The social brain: allowing humans to boldly go where no other species has been. Philosophical transactions of the Royal Society of London. Series B, Biological sciences, 365 (1537), 165-76 PMID: 20008394