21 dic. 2009

El laicismo débil de Público

La izquierda y la derecha convencional venden dos versiones diferentes e irreconciliables sobre el conflicto religioso en Europa. La primera culpa al Vaticano y la derecha religiosa por alimentar la islamofobia y el miedo al pluralismo, y la segunda confía en una recuperación del cristianismo político y cultural como método fundamental para conservar las raíces de Europa ante el avance del Islam. Ambos mienten, o no dicen toda la verdad.

Público tiene un artículo muy representantivo del izquierdismo standard. Su autor, Diego Barcala, empieza vinculando el "ensalzamiento de la raíz cristiana" europea con la polémica de los crucifijos, los minaretes, el velo y el aborto, así pues, introduciéndose profundamente en el mito del "rearme cristiano" y del Vaticano beligerante con el Islam.

Barcala reproduce sólo una parte de la historia cuando afirma que  "Joseph Ratzinger llegó a vincular esta religión (el Islam) con la violencia", en recuerdo del discurso de Ratisbona. La realidad es que sólo unos meses después de Ratisbona, en noviembre de 2006, el Papa visitó Turquía, y que la diplomacia vaticana estrechó desde entonces sus relaciones con las partes más conservadoras del mundo islámico, en el nombre del "diálogo religioso" y a veces de la "Doctrina Tauran": "Los musulmanes, que se han convertido en una minoría significativa en Europa, han sido quienes han exigido espacio para Dios en la sociedad".

Barcala toca con los dedos la literatura fantástica cuando afirma que "la gasolina papal prendió el pasado noviembre en Suiza". La realidad es que, a pesar de que la noticia fué contada al revés por algunas agencias en España, tanto los obispos suizos como los representantes vaticanos reaccionaron con incomodidad ante el referendum suizo, debido a que cuestionaba presuntamente la "libertad religiosa".

El empeño de vincular a la derecha convencional con el radicalismo antiislámico (a veces con la "islamofobia") no es menos fantasioso. El artículo de Público aprovecha unas declaraciones del presidente de la fundación Cives, Victorino Mayoral, para criticar la "la reacción que la derecha tiene ante la presencia del islam en Francia" y su laicismo agresivo con la pluralidad. La realidad es que los líderes de la derecha europea tienen una postura mucho más débil ante el Islam y, en general, homologable con los partidos de la izquierda. En concreto, el presidente Sarkozy llegó a saludar la expansión del Islam en Europa durante el transcurso de una fiesta religiosa  musulmana, en diciembre de 2008. Y en España, un líder conservador tan representativo como Gustavo de Arístegui ha expresado sus renovadas simpatías por la iniciativa de la "Alianza de las civilizaciones" estimulada por el presidente Zapatero.

La doctrina de la "laicidad positiva" de Ratzinger y el canto a la libertad religiosa camuflan, desde luego, el intento de conservar el privilegio de una confesión cristiana dominante y de arremeter contra la Europa laica y republicana, pero el análisis de la realidad político-religiosa en Europa es dramáticamente incompleto si no contempla la alianza de intereses entre partes muy significativas del Islam y del Cristianismo. La incapacidad de una parte de la izquierda para reconocer como mínimo la existencia del problema es, de hecho, una de las razones principales que explican el giro a la derecha y la radicalización de algunos electorados europeos. Por otro lado, la obsesión anti-izquierdista de una parte de la derecha, su débil defensa de los principios laicos y la visión idílica de su liderazgo cristiano, también hace muy difícil alcanzar un análisis realmente equilibrado.