25 dic. 2009

El debate sobre el aborto y la "filosofía de la sospecha"

El debate sobre el aborto se puede enfrentar desde muy diversas perspectivas, desde las más rigurosamente filosóficas (como la de David Boonin) a otras con mayor carga política, jurídica o incluso psicosociológica. Los tres argumentos resumidos que voy a presentar podrían fundamentarse en lo que a veces se llama "filosofía de la sospecha", en la medida en que van dirigidos a cuestionar la sinceridad del argumentario y de los mismos sentimientos morales (simpatía, empatía, incluso altruísmo) de los antiabortistas. La pregunta también la ha formulado Pascual Gonzalez en su blog: ¿Creen realmente los antiabortistas lo que dicen que creen?

1 - En primer lugar, si los antiabortistas creen realmente que el aborto es un crimen horrendo, muchas veces vinculado -vía ley de Godwin- con otros episodios históricos de crueldad colectiva (el Holocausto, en particular); entonces, en último término, incluso el asesinato de los médicos abortistas, o de los politicos promotores del aborto, podría estar más que justificado, a la manera como lo hubiera estado el asesinato de Hitler o de los impulsores de la "solución final". Sin embargo, exceptuando a los elementos más radicalizados y pintorescos, la mayoría de los militantes antiaborto no consideran moralmente permisibles este tipo de medidas.

2 - Se puede sospechar de la sinceridad del movimiento antiabortista cuando trata de  disolver prácticamente la responsabilidad de las mujeres que abortan. Si es el caso que el embrión humano es desde el momento de la concepción un ser humano merecedor de protección ética y jurídica, entonces la culpa de su "asesinato" debería caer con gran peso sobre la mujer que aborta voluntariamente. Sin embargo, los antibortistas han asumido muchos principios del feminismo social y suelen desviar la culpabilidad hacia los médicos, jueces y empresarios (la mayoría hombres), a veces aderezando las soflamas "provida" con ingredientes extraídos oportunamente del discurso anticapitalista. Estas medidas publicitarias no parecen estar motivadas tanto por una defensa de principios morales rigurosos, cuanto por el afán estratégico de presentar ante el público un antiabortismo compatible con el feminismo ambiental.

3 - Si realmente es el caso que la vida humana merece una protección especial desde el momento de la concepción, entonces sería razonable esperar que el movimiento "provida" se preocupara más por las consecuencias morales del aborto espontáneo. Los militantes antiaborto deberían tomarse mucho más en serio los argumentos que ha planteado Toby Ord. Si es el caso que el embrión goza de un estatuto moral comparable al del ser humano adulto, entonces el aborto espontáneo de 226 millones de embriones debería originar una gran conmoción moral colectiva. En realidad, como argumenta el mismo Ord, el aborto espontáneo debería plantearse como el mayor reto ético que actualmente tiene la humanidad.

Se puede sospechar, para resumir, que el ajetreo antibortista actual no se fundamenta tanto en sentimientos morales genuinos y en una "defensa de la vida humana" altruísta, cuanto que en intereses materiales cruciales puestos seriamente en peligro por las consencuencias de la secularización y de los "estados del bienestar" occidentales. No en vano, la puesta en práctica de las medidas maximalistas que solicita el movimiento antiaborto supondría una verdadera lluvia de financiación pública y privada para sostener a sus militantes y asociaciones.