3 ago. 2009

Humanismo trascendental Versus Humanismo naturalista

La gran protesta vaticana -Caritas in veritate- contra el liberalismo clásico no fué publicada por casualidad ante la última reunión del G8. Y junto con el reproche al mundo desencantado y alienado del "capitalismo burgués", apoyado en lo que llaman "tradición de la fe apostólica" y en documentos anteriores más específicos (en particular la Rerum novarum de 1891, y la Populorum progressio de 1967), no podía faltar una crítica minuciosa del laicismo y del humanismo laico que también adelantaron los predecesores de Ratzinger (en particular el Syllabus de 1864 y la Fides et ratio de 1998).

Una idea medieval de la ciencia

A diferencia de la reciprocidad natural (incluso la "reciprocidad fuerte"), la caridad tiene un fundamento sobrenatural. Esta resulta ser una fuerza especial que trasciende la naturaleza humana física y "tiene su origen en Dios, Amor eterno y Verdad absoluta". Es decir, no tiene su origen en el hecho de que seamos mamíferos y primates evolucionados, sino en "el amor que brota del Padre por el Hijo, en el Espíritu Santo". La caridad en la verdad, en resumidas cuentas, no puede referirse a la verdad en las ciencias naturales o en las ciencias humanas, sino en la verdad de la escolástica ciencia divina y de la intermedia "ciencia de los bienaventurados".

La misma tendencia "a relativizar lo verdadero" que el Papa reprocha al mundo moderno no puede referirse a otra cosa que al proceso de emancipación de las ciencias humanas de las divinas (es decir, de la teología, como ya fué advertido por Feuerbach) y, ante todo, al proceso histórico de secularización y de libre competencia entre religiones que desplaza el monopolio del catolicismo.

Contra el humanismo secular


Lo que Pablo VI llamaba "humanismo trascendental" no representa sino la respuesta del humanismo religioso al humanismo naturalista de la Ilustración y el materialismo coronado en el sigo XIX...una visión sobre el "auténtico desarrollo del hombre" que a diferencia de la confianza en el "sentido moral" natural y en la educación laica exige "una visión trascendente de la persona".

Fuera del humanismo trascendental sólo acecha "el peligro que representan las visiones utópicas e ideológicas" así como el falso humanismo denunciado por la Populorum progressio: "No hay, pues, más que un humanismo verdadero que se abre al Absoluto". Allí también se advertia, por cierto, que el subdesarrollo tiene lugar "por la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos", a la manera como para un socialista marxista la desunión de los proletarios, requerida por el manifiesto comunista de 1848, bloquea las posibilidades de una revolución socialista mundial.

Ratzinger roza incluso la ignominia cuando viene a situar en un mismo plano el "ateísmo práctico" y el fundamentalismo religioso:
La violencia frena el desarrollo auténtico e impide la evolución de los pueblos hacia un mayor bienestar socioeconómico y espiritual. Esto ocurre especialmente con el terrorismo de inspiración fundamentalista, que causa dolor, devastación y muerte, bloquea el diálogo entre las naciones y desvía grandes recursos de su empleo pacífico y civil. No obstante, se ha de añadir que, además del fanatismo religioso que impide el ejercicio del derecho a la libertad de religión en algunos ambientes, también la promoción programada de la indiferencia religiosa o del ateísmo práctico por parte de muchos países contrasta con las necesidades del desarrollo de los pueblos, sustrayéndoles bienes espirituales y humanos.
Después de reclamar un lugar para Dios en la "esfera pública", donde fácilmente podría ubicarse también el Dios de los mahometanos, de los judíos o de los calvinistas -si Ratzinger es sincero cuando incluye en su discurso a "otras religiones"- el monarca reitera que
en el lacisimo y en el fundamentalismo se pierde la posibilidad de un diálogo fecundo y de una provechosa colaboración entre la razón y la fe religiosa.
Puede explicarse fácilmente, en consecuencia, que la política vaticana termine articulando una especie de "santa alianza" junto a "otras religiones" contra el humanismo laico.