21 jun. 2009

OVNIS: ¿Un mito muerto?

Han transcurrido ya 50 años desde que Carl G. Jung publicó Ein moderner mythus, titulado Sobre cosas que se ven en el cielo (Nilo-Mex, 1983) en la edición mexicana que yo he vuelto a leer estos días. Todavía en 1959, después de las observaciones de Kenneth Arnold, de los primeros informes oficiales que negaban una realidad física al fenómeno o de la estrafalaria experiencia de George Adamsky, Jung podía considerar el furor por los platillos volantes como un "mito vivo" digno de la mayor atención psicológica. Según la particular visión del psicoanalista suizo, el fenómeno OVNI no sería simplemente un conjunto de relatos sin sentido como denunciaban los "racionalistas", sino una especie de rumor visionario de carácter colectivo basado en la proyección psicológica de imágenes arquetípicas. Para decirlo brevemente, según Jung por entonces estábamos viendo a Dios en forma de platillo volante, de acuerdo con los condicionantes geopolíticos e ideológicos de la época (racionalismo instrumental + guerra fría):
La situación actual del mundo es la más apropiada para suscitar la expectación de un acontecimiento redentor, supraterrestre. Si esta expectación no se manifiesta con toda claridad, ello se debe tal vez únicamente al hecho de que ya nadie tiene tan firmemente sus raíces en la cosmovisión de siglos anteriores para poder considerar como obvia una intervención del cielo. En efecto, en nuestra evolución nos hemos apartado ya mucho de la seguridad metafísica de la Edad Media, pero así y todo no tanto que nuestro fondo y nuestros antecedentes históricos y psicológicos se hayan liberado de toda esperanza metafísica.
De hecho, los OVNIS se presentan corrientemente como objetos "metafísicos", resplandecientes, parecidos a cuerpos gaseosos y que se comportan como si careciesen de peso. En suma, se manifiestan como espíritus. Y esto sin perjuicio de que el mito de los OVNIS, mientras continua vivo, conserva un importante anclaje físico y tecnológico. La expectación ante un "acontecimiento redentor" venido del espacio exterior natural y conocido (por ejemplo, de Marte) es justamente el gran tema de la ciencia-ficción de la época, encarnado en el "humanista extraterrestre" Klaatu (Ultimatum a la tierra, 1951).

Sin embargo, a medida que aumenta el desencanto por el incumplimiento de las promesas de "contacto", el fenómeno tiende cada vez más a espiritualizarse -como sucede con las demás expectativas metafísicas. Una tendencia natural que certifica la propia ciencia-ficción cinematográfica, cuando Steven Spielberg termina por imputar un origen "adimensional" a los alienígenas de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008), en franco contraste con los aliens mucho más físicos y tangibles de Encuentros en la tercera fase (1977) y, sobre todo, de E.T.: El extraterrestre, dos películas que corresponden con el auge vital del mito OVNI.

A pesar de los esfuerzos de algunos periodistas especialistas en "misterios" y otros magufos supervivientes en busca de público adolescente, hoy el mito de los OVNIS no tiene la vitalidad de hace medio siglo y es improbable que la recupere. Una actitud escéptica y desencantada es incluso la más habitual entre los propios "estudiosos" del fenómeno, como refleja -por ejemplo- este comentario de Robert Sheaffer publicado ya en los años ochenta del siglo pasado (Veredicto OVNI, TIKAL ediciones, 1994):
A pesar de su retórica altisonante, y sus pretensiones de objetividad científica, los hechos irracionales aceptados con entusiasmo por diversos grupos del movimiento ovni -"realidades alternativas", los Hombres de Negro, Hombres Murciélago, Mujeres Lobo y muchas cosas absurdas y fantásticas- identifican, con toda claridad a los ufólogos como hermanos de otros irracionalistas de épocas pasadas y presentes: astrólogos, intérpretes del aura, teósofos, promotores de la energía de las pirámides, entusiastas del triángulo de las Bermudas y muchos otros que forman una lista interminable).