3 mar. 2009

El origen infantil de la moral

Ni los monos son demasiado buenos como para que no descendamos de ellos como al parecer pensaba Nietzsche (los primates no humanos cazan a semejantes, hacen algo parecido a la guerra, establecen fuertes relaciones jerárquicas y de dominio, etcétera), ni somos simples brutos hobbesianos.

Según la primatóloga Sarah Blaffer Hrdy, la moral anidaría en la neotenia que desencadena el cuidado de los niños indefensos.

Jonah Lehrer
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Me encanta la hipótesis de que la moral humana, este sistema de conductas a menudo atribuídas a los Diez Mandamientos, Kant, etc, en realidad arraigaría en los llantos y sonrisas de los niños. Los bebes, en este sentido, son el pegamento que nos mantiene unidos. Son tan encantadores que también somos buenos con nosotros mismos (o al menos no llegamos a dañarnos) por su propio bien. La religión pudo ayudar a codificar la moralidad, y no debe subestimarse la importancia de transformar nuestros vagos instintos en un conjunto explícito de leyes. Pero nuestras emociones morales existían mucho antes de que Moisés se hiciera con las tablas del Sinaí.
Aunque Lehrer no es muy justo con Kant, que precisamente consideraba la moral un faktum a priori, trascendental (si Kant conociera la teoría moderna de la evolución con seguridad sería un seguidor de la neuroética), en buena medida atribuíble a la "filosofía mundana", y que los filósofos o los teólogos sólo podrían tratar de justificar más tarde. La lechuza de Minerva levanta el vuelo al atardecer.