26 nov. 2008

Viva el naturalismo

A bordo:
Lo que el materialista-naturalista-empirista niega, por supuesto, es la existencia de entidades "sobrenaturales", es decir, entidades a las que tengamos un acceso esencialmente no-empírico, y que sean capaces de operar "sobre" la" materia" (ampliamente entendida) haciéndole a ésta violar con dicha influencia las parsimoniosas leyes de la física.
Una definición suficientemente amplia y funcional que se parece a la que ofrecía hace tiempo Richard Carrier. Sólo haría una pequeña salvedad, sacada del librito de Shrödinger sobre el origen de la vida. Las otras "Leyes físicas" de la naturaleza:
De la descripción de Delbrück del material hereditario resulta que la materia viva, si bien no elude las "Leyes de la física" tal como están establecidas hasta la fecha, probablemente implican "otras leyes físicas" desconocidas por ahora, las cuales, una vez descubiertas, formarán una parte tan integral de estas ciencias como las anteriores" (...) El físico y el químico, al investigar la materia inanimada nunca han presenciado fenómenos que hubieran tenido que interpretar de esta manera.
Zamora hace otra observación interesante:
Incluso podemos aceptar la existencia de las "realidad espirituales", si con ello nos limitamos a referirnos a aquellos fenómenos empíricos tan familiares como el amor, el odio, la creatividad, el miedo, el trance, la ilusión, la indignación, etc.
La actitud empirista no prohibe, en efecto, hablar de "realidades espirituales", sólo cuestiona la "autoconciencia del espíritu", la consideración separada de lo espiritual. El materialismo no es un corporeísmo, como deja claro Marx, en los Manuscritos:
Para cultivarse espiritualmente con mayor libertad, un pueblo necesita estar exento de la esclavitud de sus propias necesidades corporales, no ser ya siervo del cuerpo. Se necesita pues, que ante todo le quede tiempo para poder crear y gozar espiritualmente.
Desde luego, sería preciso sumar el "espíritu positivista" y es posible remitir al capítulo sobre filosofía de la ciencia en Neurophilosophy, de Patricia S. Churchland para entender como enlazan estas tradiciones (empirismo - materialismo - positivismo - naturalismo). Suele ser corriente emplear el sintagma "razón positivista" como si fuera un epíteto despreciativo, pero fué precisamente la crítica positivista la que derribó aquel espiritualismo hegeliano que intentaba dar razón de todo, desde Napoleón a la electricidad, empleando los mismos términos metafísicos. El "porvenir" de la filosofía moderna efectivamente empieza con Feuerbach, al romper con el idealismo. Marx escribía que de él "arrancaba la crítica positiva, humanista y naturalista".

Que la ciencia moderna ha desbaratado el materialismo más rudimentario (o "vulgar" como solían apostrofar Marx y Engels), es sin duda admisible. Ahí está el extraño mundo de la física cuántica. Pero otras veces lo que esta crítica apareja es una guerra cultural y una nostalgia de la epistemología medieval (y quizás también de su orden social) vigente antes de Newton y la "revolución científica".