27 nov. 2008

Neuroética e historia

En los últimos tiempos la neuroética ha dejado de entenderse solo como una parte de la bioética, es decir, como una "ética de la neurociencia", para pasar a engrosar una rama de la neurofilosofía y de la filosofía moral. De acuerdo con Michael Gazzaniga (autor de The ethical brain), la neuroética se ocuparía de examinar "los asuntos sociales de la enfermedad, la normalidad, la mortalidad, los estilos de vida y la filosofía de la vida de un modo informado por nuestro entendimiento de los mecanismos subyacentes del cerebro". La neuroética empieza a consolidarse incluso como institución académica, y su interés se muestra en el rápido crecimiento de referencias a través de libros, artículos, comentarios periodísticos, congresos o redes universitarias.

Hoy en día prácticamente nadie informado negaría que la neurociencia cognitiva, y su desarrollo como "neuroética", es relevante para comprender los fenómenos éticos. Lo que se discute es la fuerza y alcance de su influencia en las humanidades, en el nivel "meta" tradicionalmente relacionado con la filosofía. Arne Rassmuson, por ejemplo, critica el "neuroptimismo" liberal de Gazzaniga en un artículo para la revista Neuroethics. Uno no puede dejar de simpatizar con la empresa de Gazzaniga et al. de fundar una neuroética universal libre de cargas religiosas y de partidos ideológicos, pero Rassmuson nos advierte de que la ciencia natural (al menos por ahora) no es suficiente. Una filosofía vital basada en la neurociencia es poco viable:
Los resultados de la neurociencia cognitiva sólo pueden contribuir a la discusión ética cuando estén incorporados dentro de una discusión más amplia sobre las "dimensiones culturales, económicas, políticas, religiosas, estéticas y legales" en relación con "nuestros valores, propósitos, instituciones y prácticas". Fuera de este contexto multi-dimensional, poseen poca relevancia moral.
Es decir, recurrir a la neuroética está muy bien, pero a condición de no librarse de la historia. Ortega designó esta perspectiva profunda como "razón vital" o "razón histórica"; el lugar donde habitan las convicciones fuertes y las "creencias" de los seres humanos.