3 sept. 2008

La ignorancia de Agapito Maestre

A veces es difícil resistirse:
En verdad, el ateísmo no es moderno sino su uso político. Sólo cuando el ateísmo ha llegado al poder hemos sabido sus nefastas consecuencias. Eso ha sido lo terrorífico de la modernidad. Su inicio fue 1789, la Revolución Francesa, y alcanzó su apoteosis con los regímenes nazi y comunista. Nadie crea que la cultura occidental ha superado ese shock; por el contrario, ese ateísmo, ese horrible pedrusco en que los socialistas han convertido la idea de Dios, es el gran látigo ideológico de los gobiernos menos democráticos del mundo, entre ellos el español, que lejos de admitir el Estado aconfesional que nuestra Constitución legitima no renuncian a un Estado laicista de carácter ateo.
Esto lo escribe Agapito Maestre en Libertad Digital, siguiendo el virtuoso camino indicado por la Spe Salvi, al insinuar el vínculo demoníaco entre "el ateísmo del siglo XIX y XX" y "las más grandes crueldades y violaciones de la justicia".

Poco importa que los revolucionaros jacobinos no fueran ateos, sino teístas (como por lo general lo eran los primeros ilustrados), creyentes oficiales en el "Ser supremo" desde que Robespierre instaurase su fiesta nacional en julio de 1794. El duelo popular a la muerte de Marat (Vía Antonio Escohotado) incluía fragmentos tan poco impíos como éste:

Marat no ha muerto. Su alma, libre ahora del envoltorio terrestre, se desliza sin obstrucción por toda la República, y es más capaz para introducirse en los complots de federalistas y tiranos (...) Corazón de Jesús, corazón de Marat, tenéis el mismo derecho a nuestro homenaje (...) Marat es un dios, que detestaba como Jesús a los ricos y las sabandijas.
Poco importa que los nazis tampoco fueran ateos, sino abrumadoramente cristianos. No debería olvidarse que el programa del Partido de los Trabajadores Alemanes proclamaba la "libertad religiosa" desde 1920. Que las referencias a la necesidad de religiosidad en las masas eran frecuentes en los discursos del mismo Adolf Hitler -quién llegó a proclamar en un discurso de 1933 el final del "movimiento ateo"...Y que la relación general entre las iglesias y el nacionalsocialismo fué, en el mejor de los casos, bastante turbia. Pio XI respaldó explícitamente a Mussoloni. Como es sabido, el Vaticano firmó un concordato con Hitler del que se lamentó Pio XI, pero la condena tajante del "espectro del nazismo" por Pío XII llegó demasiado tarde: tras la muerte del führer en 1945.

Hubo heroicas excepciones, pero por mucho que los nazis fueran "anticristianos" en sus íntimas convicciones, la mayoría cristiana -protestantes y católicos- terminó constituyéndose en verduga voluntaria de Hitler. El odio al liberalismo y la secular tradición antisemita eran, en todo caso, superiores al temor ente el milenio del Reich, y no pocos en España y en Europa valoraron el nazismo como un remedio eficaz contra el "bolchevismo ateo" y contra la zivilisation liberal.

El terror de la "modernidad", al fín y al cabo, contempló el enfrentamiento a muerte de la protestante Alemania, la anglicana Gran Bretaña, las ortodoxas Bulgaria y Rusia, la católica Austria, la musulmana Turquía...Todo un continente creyente. Una contienda en la que los clérigos de todas las iglesias no pudieron y no quisieron trascender las diferencias nacionales, como reconocía el mismísimo Paul Johnson, quedando incluso suspendida la prohibición del derecho canónico de portar armas.

Por último, el comunismo fué la única ideología de masas moderna oficialmente atea. Pero en la práctica el "bolchevismo" comprendió pronto que no podía erradicar la religión y prefirió alcanzar un pacto político con la Iglesia ortodoxa que virtualmente aseguraba su predominio sobre los demás credos. Los soviéticos no se inventaron las persecuciones religiosas. El comunismo soviético fué de hecho una ideología masiva que absorbió buena parte del "potencial semántico" de la tradición religiosa rusa. Como ha documentado Moshe Lewin el liderazgo de Lenin y Stalin hubiera resultado inexplicable sin la tradición del guía (vozhd) o patriarca-terrateniente (joziain) "cuyo comportamiento severo se aceptaba, siempre que fuera justo". Es más, las mismas ideas socialistas y la "guerra al Kulak" encontraron arraigo, ¿dónde si no? en la misma tradición colectivista favorecida históricamente por el cristianismo ortodoxo.