8 sept. 2008

¿Existen realmente personas asexuales?

Me llamaron esta tarde de Radio Euskadi (la radio pública vasca) para hablar sobre asexualidad. Hubo alivio general cuando quedó claro que no se trata de una identidad emergente o en expansión, por lo que la extinción voluntaria de la humanidad no parece próxima. Esto no necesita mucha explicación porque todos intuimos que la asexualidad nunca podría configurarse como una estrategia evolutivamente estable para cualquier "población mendeliana". En la práctica, la sexualidad es irreversible para los organismos complejos; algo que según Freud y Bataille crea en el hombre una nostalgia dolorosa por la "continuidad perdida" (aquellos maravillosos tiempos sin gametos).

Se me ocurren tres razones para ser algo escéptico con el llamado "Movimiento" asexual [1]:

1. Después de casi un década apenas ha ganado visibilidad y sus foros de discusión y redes sociales siguen siendo minúsculos.

2.El informe Kinsey cifraba la asexualidad en torno al 1-3% de la población, una cantidad no del todo despreciable, pero después de décadas el tema sigue sin merecer atención de la comunidad científica.

3. Aunque el vínculo entre la "naturaleza" y la "cultura" es más complejo en el ser humano que en otras especies, sabemos que no somos una "tabla rasa" y, en consecuencia, que estamos sometidos a muchos determinismos naturales que limitan la llamada "libertad de elección". La asexualidad no puede ser -en todo caso- algo enteramente "construído" por el sujeto.

Antes de averiguar qué tipo de identidad natural es la asexualidad, y si cabe equipararla con otros "estilos de vida", debemos conformarnos con la fenomenología; esto es, con lo que las personas dicen de sí mismas. No sabemos muy bien qué es la asexualidad, lo único que sabemos a ciencia cierta es que hay personas (aunque muy pocas) que se consideran asexuales.

[1] Personas que no experimentan atracción sexual alguna, o bien no canalizan su afectividad a través del sexo, y que incorporan naturalmente su identidad asexual dentro de su personalidad (a diferencia del celibato, o de las disfunciones sexuales).