25 dic. 2013

Sesgo de ceguera a los costos

Una cosa que hemos aprendido estos años es que los humanos no sólo cometemos errores razonando, y a mansalva, sino errores sistemáticos que es posible identificar y clasificar. Los científicos cognitivos han producido ya una abundante literatura con “sesgos cognitivos” de la más diversa naturaleza. Los principiantes pueden encontrar un resumen popular y fiable en un libro reciente de Daniel Kahneman.

Se han identificado distintas fuentes de los sesgos cognitivos, que vienen a ser “atajos” previsibles en el modo en que procesamos la información, y los mismos científicos cognitivos reconocen influencias sociales y morales, lo cual abre la puerta a hablar sobre sesgos que de hecho están política e ideológicamente motivados.

En principio es viable que “progresistas” y “conservadores” cometan errores específicos. Por ejemplo (Hat Tip: Freman Bregg), llamémosle ceguera a los costos:

La negativa a tener en cuenta los costos sociales de los llamados "avances sociales" debido a la consideración previa, automática e irreflexiva de que estos tienen un carácter absoluto. 

La negativa de las personas autodescritas como “progresistas” a analizar los costos de ciertos fenómenos reconocidos como “avances sociales” (a veces “derechos sociales”) suele acompañarse de la tendencia a describir a los críticos con etiquetas despreciativas (en inglés: “shaming tactic”): ¡Reaccionario!, ¡Fascista!, ¡Ulema!

Estos “avances sociales” por lo visto son tan absolutos y luminosos que quienes los discuten, o simplemente señalan sus costes de oportunidad, sólo pueden hacerlo desde la oscuridad.

El problema es que la ceguera a los costos inhabilita para analizar seriamente consecuencias inesperadas (como el aumento en las diferencias de personalidad básica entre hombres y mujeres), buenas intenciones que simplemente salen mal (como políticas de "diversidad" que terminan disminuyendo el capital social) y daños colaterales (como los daños psicológicos infligidos en los niños que nacen en hogares monoparentales) de los llamados “avances sociales”. A mi me recuerda a la negativa de los teólogos medievales a ver las manchas solares a través del telescopio de Galileo.

El sesgo (seguramente está inventado y mejor descrito en otra parte) parece encajar con la arquitectura general de la racionalidad humana. Simplemente se puede ver como un caso específico, o una aplicación ideológicamente motivada del famoso sesgo de confirmación y otros errores perceptivos más comunes.