14 dic. 2013

La paradoja reaccionaria

Jóvenes espartanos.  Edgar Degas (1834–1917)

¿Por qué ser liberales y no, más bien, reaccionarios?

La reacción es una preferencia cultural antipática, pero no es del todo elegible, porque problemente está asociada a la genética de la personalidad. O, para decirlo con Valle-Inclán, a las taras. Según algunos científicos políticos los genes influyen en las preferencias políticas a través de los rasgos de personalidad.

Se ha propuesto la existencia de dos “fenotipos políticos” debajo de las preferencias “conservadoras” o “progresistas”. El fenotipo “absolutista”, llamémosle “tipo espartano”, estaría asociado con la sospecha hacia los extraños, con el respeto a las normas y la jerarquía, con el deseo de conservar la unidad del propio grupo y con el liderazgo fuerte. En contraste, el fenotipo “contextualista” (llamémosle “tipo ateniense”), es más tolerante hacia otros grupos, depende menos de las normas, es más empático y más favorable al igualitarismo. Aunque dicotómica y poco minuciosa, esta clasificación puede resultar útil. Recordemos que Esparta está asociada históricamente con la idea de "patria", con la aristocracia (en rigor, con la diarquía) y con la "sociedad cerrada" mientras que Atenas lo está con el "imperio", la democracia y la "sociedad abierta", ya desde Tucícides. Pericles decía enorgullecerse de que "en nuestra ciudad entra por su importancia cualquier mercancía desde cualquier punto de la tierra".

La idea de que las ideologías no progresistas tienen una base psicológica no es nueva. De hecho, los partidarios de la escuela de Frankfurt y del "freudomarxismo" consideran el conservadurismo una patología. Los marcusianos de ahora consideran que los reaccionarios son "conformistas que se resisten al cambio y que están preoucupados por la pérdida de sus privilegios". Y añaden que "están atrapados en el carácter anal postulado por Freud".

Asumiendo que una parte de nuestras preferencias sociales y políticas están en los genes, también es verdad que otra está en el ambiente cultural y depende del modo de interpretar la historia. Yo sugiero que la "neorreacción" está arraigada en el "tipo espartano" y que concilia dos vías históricas en apariencia contradictorias.

La primera vía tiene que ver con dos ideas asociadas con Spinoza y el “spinozismo”, es decir, con tesis centrales de la "Ilustración radical", según la descripción que hace el historiador de las ideas Jonathan Israel. A saber; a) la preferencia por la libertad de expresión e investigación, libertas philosophandi, frente a la libertad religiosa, y b) lo que ya en el siglo XVII se llamaba "naturalismo", es decir, la tesis ontológica radical de que sólo existen causas naturales. La neorreacción diferiría de la reacción tradicional, o de los reparos de los neoconservadores, en que prefiere la ciencia a la revelación (aunque ni siquiera el "príncipe de los ateos" negó a la revelación su utilidad pública), y la libertad a la inquisición. Hoy hay reaccionarios que piden libertad expresión y progresistas que queman libros (aunque sea de forma ritual).

De los spinozistas la neorreacción, tal como yo lo estoy interpretando, acepta a) y b) pero no cosas como c) el republicanismo radical o d) la tesis sobre la unidad biológica del "ser humano" (“todos los hombres tienen una y la misma naturaleza, es el poder y la cultura lo que les confunde"). En consecuencia, la segunda vía, popularmente llamada "ilustración oscura" (me parece que el nombre procede de un cómic), tendria que ver con el convencimiento de que los ilustrados radicales y moderados no entendieron bien algunas cosas importantes que ahora si comenzamos a entender. Pinker ya insinuó que las ciencias naturales estaban dando la razón a la “visión trágica”. Y Murray dió un paso más.

La filosofía no es esclava de la teologia ni del conjunto de ideas dominantes en una época. Por tanto, es cierto que “Debemos juzgar nuestras más preciadas ideas con los mismos criterios con los que juzgamos las más repelentes”, incluyendo los prejuicios y teoremas neorreacionarios. Tendemos a pensar que tenemos razón, y que los que actúan motivados por intereses son otros, pero no parece racional la expectativa de librarse de una vez por todas de preferencias sociales, en parte biológicamente determinadas, practicando una severa ascesis intelectual (o “racionalidad técnica”). Bayes no nos hará libres de tomar partido.

La “filosofía”, en el sentido de la palabra en los primeros días de la Ilustración europea, no en el sentido ridículamente técnico de la actualidad, era correctamente percibida por los defensores de la teología y el antiguo régimen como una terrible amenaza.