16 nov. 2013

Cómo no llegar a Dinamarca

Richard Lynn
Dinamarca parece el paradigma europeo de progreso, bienestar y tolerancia. Por lo visto, es la nación más feliz del mundo (Via). Tan es así que los científicos políticos han inventado la etiqueta “llegar a Dinamarca” para referirse al proceso de construir un estado fiable e igualitario.

Pero hay algunas cosas que no hacen de Dinamarca exactamente un destino feliz, al menos para científicos como Helmut Nyborg, que se enfrentan con un proceso por mala conducta científica abierto por el ministerio de ciencia e innovación de su país. Nyborg ha sido relajado al brazo secular de un comité político que será el encargado de determinar su culpabilidad con una decisión última que “no podrá ser recurrida por ningún otro órgano administrativo”. En la práctica, un grupo de políticos y de científicos altamente politizados pretende tener la última palabra sobre un asunto científico. Más o menos lo contrario del ethos científico. Thompson: “Cuando buena parte de nuestra investigación es incierta y sujeta a interpretaciones diferentes necesitamos ser respetuosos con las diferentes opiniones, particularmente con aquellas que se oponen a nuestras preferencias y creencias. Necesitamos debates científicos, no religiosos”.

Parece que el artículo que ha desencadenado en concreto el proceso ha sido este: The decay of western civilizacion: Double relaxed darwinian selection (2012). Nyborg sintetiza ahí las ideas del “controvertido” profesor británico Richard Lynn y establece ciertas proyecciones demográficas basándose en tendencias actuales. Voy a hacer un breve resumen de las ideas de Nyborg y Lynn para que se vea que, efectivamente, son un puñetazo en el estómago de las expectativas liberales y un motivo de alarma para los comisarios ideológicos europeos.

Lynn es uno de los “naturalistas ogros” que cree 1) que la inteligencia no está distribuida equitativamente entre poblaciones humanas y 2) que existe una relación causal entre las habilidades cognitivas y el desempeño económico y social de las naciones. Para Lynn, el mundo económico y político creado por las naciones inteligentes posee el germen de su propia destrucción, sin embargo, en la medida en que devenires modernos han relajado las presiones darwinianas, ocasionando un deterioro progresivo de la inteligencia y otras capacdades precisas para sostener lo que llamamos “civilización”. Lynn habla abiertamente de disgenesia.

Para Nyborg hay razones “internas” y “externas” para informar sobre un doble deterioro “darwiniano” de las poblaciones europeas.

Internamente, la mejora de las condiciones sanitarias y las medidas políticas igualitarias, particularmente en los dos últimos siglos, han invertido la relación demográfica tradicional. La preservación ética de los débiles deteriora el acervo génico de las poblaciones al volverlas insostenibles. En resumen, los más inteligentes ya no tienen más hijos. Al revés, especiamente las mujeres más inteligentes y que desarrollan carreras profesionales de éxito en occidente son las más hábiles reduciendo o suprimiendo su descendencia. Los rasgos más importantes de este paisaje demográfico secular son, pues, la demografía negativa de los más inteligentes, el envejecimiento de la población y el deterioro progresivo en la inteligencia general.

Pero también hay presiones “externas” que habrían alterado el equilibrio demográfico y cognitivo europeo. Este deterioro externo procedería, siempre según Nyborg, de la inmigración masiva del tercer mundo -tradicionalmente con cocientes intelectuales algo inferiores- cuyo éxito reproductivo estaría superando ampliamente al de las poblaciones europeas nativas. Nyborg estima, según sus proyecciones, que unas pocas décadas la población danesa nativa se habrá reducido a la mitad del total, y será inferior a la población de origen no europeo para 2085.

La visión de "ogros" como Lynn y Nyborg difícilmente podría ser más oscura y desagradable. Otra cosa bastante distinta es que por el hecho de ser oscura y desagradable también está obligada a ser errónea. Y que los encargados de establecer que es errónea sean un comité político y un ministro es ya harina de otro costal. Esto es un puñetazo directo al estómago de la libertad científica y académica.