20 nov. 2013

Ciencia y eurocentrismo

¿Por qué la ciencia no está en todas partes? Dicho de un modo más preciso, ¿por qué la Ilustración radical, el proyecto de la libertad filosófica (libertas philosophandi), es un fenómeno europeo? Explicar las diferencias individuales es relativamente sencillo: el trabajo científico necesita individuos que caigan en el extremo del espectro cognitivo. Pero es algo más complicado dar razón sobre por qué algunas culturas dan la bienvenida a la ciencia y otras no.

Creo que nadie ha explicado mejor esto que Peter Frost.

A lo largo del pasado milenio, los europeos occidentales han creado un ambiente social donde el individuo está liberado en buena medida de los lazos de parentesco y etnicidad. Dado que el estado ha impuesto el monopolio en el uso de la violencia, hay menos necesidad de confiar en la parentela para salvaguardar la vida y la propiedad de uno. Para eso ya está el gobierno. En otras muchas sociedades, sin embargo, el estado es algo mucho más reciente y a menudo extraño. La identidad colectiva todavía es lo más importante, y en tiempos de vacas flacas los lazos personales y de amistad importan poco. Tus amigos reales son tu “sangre”. En todo caso, la amistad real no trata sólo de actividades recreativas. También trata de arriesgar la vida por otro. 
La identidad colectiva triunfa sobre la búsqueda de la verdad. Sólo cuando el individuo es libre de la colectividad la verdad puede aplicarse igualmente a todo el mundo, sean amigos o enemigos

La ciencia cognitiva actual llega a una conclusión convergente cuando alerta sobre la dificultad de pensar objetivamente en medio de identidades necesitadas de protección.

La sugerencia de Frost puede resultar ofensiva, dado que la mente liberal piensa en la filosofía radical como un proyecto universal, un nuevo Evangelio, y en la Ilustración como una “fase” necesaria en la evolución cultural de las sociedades. Además, tiene razones para pensar así, ya que el ethos de la ley y el ethos de la ciencia es el mismo. En ambos casos se trata de descubrir "leyes" y aplicarlas a todo y a todos “sean amigos o enemigos”.

Con permiso de Needham, la ciencia libre y la filosofía radical sólo ha prosperado verdaderamente en sociedades individualistas, un individualismo que se habría substanciado en hábitos matrimoniales diferentes, en una mayor libertad de las mujeres y un relajamiento institucional de las presiones corporativas. Esta filosofía radical habría florecido primero en las ciudades estado griegas y más tarde en las urbes europeas del siglo XVI, sede de la “revolución” científica. Sin estados fuertes las bibliotecas siempre corren el riesgo de ser quemadas. Con fuertes intereses colectivos el genio individual siempre corre el riesgo de ser torturado.

El pegajoso problema de la “ciencia española”, el “drama” español e ibérico, como se atreve a llamarlo Israel, tambien parece tener que ver con obstáculos nacionales a este individualismo europeo, aunque no seamos tan diferentes como nos deleita pensar (lo ha explicado también Joseph Perez).


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