3 oct. 2013

El miedo al fatalismo

¿Cree usted que los científicos deben abstenerse de estudiar las razas humanas? El 88% de los lectores de Nature que han leído este artículo piensan que no. No es la primera vez que los ingleses enmarcan este tema bajo una pregunta parecida.

El texto de Erica Check Hayden es bastante interesante. Pasa revista a cuatro grandes temas en los que suelen temerse las explicaciones genéticas: inteligencia, raza, sexualidad y violencia. Un miedo al fatalismo que arrastramos desde hace siglos y que hoy suele ocultar una deficiente compresión de las explicaciones genéticas y evolutivas. Al fin y al cabo las explicaciones "genéticas" y "ambientales" casi nunca se pueden aislar completamente: el ambiente influye en los genes y los genes lo hacen en el ambiente (como "fenotipo extendido" a la Dawkins).

La autora recuerda las declaraciones de Bruce Lahn, un genetista de la universidad de Chicago que publicó distintos estudios sugiriendo que disintas variedades genéticas relacionadas con la inteligencia habrían evolucionado de forma divergente en África y Europa. Aunque estos resultados no se confirmaron, Lahn experimentó tiempos difíciles y ya no trabaja en la genética de la raza: "Dada la historia sobre la manera en que se ha empleado la raza en este país, tal vez no debería estimularse la investigación porque toca demasiadas fibras sensibles".

Si se analiza friamente el argumento no deja de ser asombroso para una "sociedad abierta". Durante siglos, discutir sobre la naturaleza de las personas de la santísima trinidad podía llevar a tumultos callejeros. Discrepar sobre la posición de la tierra y sol en el universo podía acarrear un arresto domiciliario y los temas teológicos, en general, tocaban "fibras sensibles" por lo que no se animaba su investigación, o bien intentaba suprimirse si tenía lugar. Pero el resultado de suprimir las discusiones científicas siempre es el mismo: ignorancia, información deficiente, dogmatismo e incapacidad final para entender la realidad y afrontar adecuadamente los problemas, cualesquiera que sean. Por fortuna una mayoría aún pide libertad de investigación.