29 ago. 2013

La verdad sobre perros y gatos

"Brian Griffin"
En los países llamados occidentales, crecientemente, vivimos en sociedades envejecidas y donde la tasa de fertilidad está lejos de asegurar el reemplazo generacional. Las mujeres más inteligentes deciden tener menos hijos, y hay más solteros, más hogares monoparentales y muchos más hombres excluídos de la paternidad. Con aires de superioridad moral, celebramos el fin de la eugenesia, como un vestigio de tiempos oscuros, mientras practicamos una "disgenesia" soterrada.

Pero a las mascotas parece irles mejor que nunca, exceptuando quizás situaciones de caos social.

Según un estudio de 2004, cada ciudadano de los EE.UU consume en promedio 150 veces más energía que un nigeriano. Y añade: “Los paises occidentales gastamos en comida para mascotas 17.000 millones de dólares frente a los 19.000 millones que se destinan a luchar contra el hombre”. Los norteamericanos anglosajones gastan la astronómica cantidad de 41.000 millones al año en mascotas, más que el PIB de 64 países. Por lo visto, esta cantidad se ha duplicado en la última década y la expectativa es que siga aumentando.

Las mascotas y en general los animales domésticos proporcionan beneficios psicólogicos, cuidados específicos, comida o trabajo desde hace milenios. Pero el hombre no ha "esclavizado" simplemente a los animales, se trata más bien de un toma y daca. Los perros, en particular, parece que se domesticaron a sí mismos para extraer ventajas de las poblaciones humanas: “el punto de vista evolutivamente correcto de entender esto es que los seres humanos, con sus fuegos de campamento y sus desperdicios y restos de las prácticas de caza, pero sobre todo con sus interacciones sociales, representaron un nicho ecológico apto para ser explotado por los lobos. O al menos por aquellos lobos que experimentaron una serie de modificaciones en su acerbo genético capaz de prosperar y ser transmitido a la descendencia”. Según Stephen Budiansky, el autor de la cita, más que como “mejores amigos” los perros deberían ser descritos como los “mejores parásitos” sociales del hombre. Esto probalmente es posible porque los hombres somos “antropomorfizadores compulsivos”, es decir, porque estamos naturalmente dispuestos para proyectar cualidades humanas a cosas que no son humanas. Desde el punto de vista de la cognición y la evolución, la creencia en espíritus y dioses y el amor a las mascotas parten de mecanismos similares.

Como en cualquier otra relación parasitaria, aquí también hay costos, y son más que económicos:

El problema conductual número uno que hace que los propietarios de perros busquen ayuda profesional es la agresión: Y la agresión canina a menudo se dirige contra los niños. En 1996 los ataques de perros costaron a las compañías de seguros 250 millones de dólares, con un coste total a la sociedad estimado en 1000 millones al año.  
(...) Es imposible asegurar si los problemas están empeorando, aunque no hay duda de que la agresión en perros es un fenómeno extendido. En Baltimore, una ciudad con entre 80.000 y 100.000 perros, hubo 7.000 ataques a personas en un año, de acuerdo con un estudio clásico de 1973. De acuerdo con Centros para el Control de la Enfermedad y la Prevención, cada año en los EE.UU 800.000 personas son heridas de gravedad por perros y requieren atención médica, 6.000 son hospitalizados por ataques de perros, y unos 15, la mayor parte niños, son asesinados. 

Es difícil encontrar estadísticas sistemáticas sobre agresiones provocadas por perros, o por otras mascotas. En España, que yo sepa, sólo hay “estadísticas” casuales. En general, el ambiente cultural no es el más propicio para conocer cuáles son de verdad los costos de las mascotas, no sólo porque para nuestro milieu "extender el círculo" moral más allá de la humanidad parece el colmo del progreso, sino por el tupido entramado de intereses comerciales que rodea estos hábitos sociales, desde criadores a veterinarios y fabricantes de comida vegana para gatos, hasta creadores de dibujos animados en la industria del entretenimiento. Es difícil saber si la relación humana con los animales domésticos y las mascotas ha dejado de ser una relación mutualista para pasar a ser un síndrome "darwiniano" capaz de alterar el éxito reproductivo de alguna forma significativa. Pero la sospecha es legítima, con los datos en la mano.