10 jul. 2013

Un siglo de inteligencia general (CI)

La inteligencia, o inteligencia general, se puede definir de forma básica como “la capacidad para razonar deductiva o inductivamente, pensar de forma abstracta, emplear analogías, sintetizar información, y aplicarlo a nuevos dominios (Kanazawa).”

El descubrimiento de que existe inteligencia general, y que de hecho se puede medir, se ha encontrado históricamente con resistencias basadas sobre todo en dos premisas ideológicas igualitaristas: 1) la premisa de que las habilidades relacionadas con la inteligencia son más sensibles al ambiente y la educación que a la “naturaleza” y 2) la premisa de que las habilidades relacionadas con la inteligencia general están repartidas equitativamente entre individuos, con independencia de cuál sea su sexo o grupo racial.

Ambas premisas, aunque suaves y bonancibles, con toda probabillidad son erróneas. La inteligencia general no es un rasgo de personalidad típicamente­ distribuí­do al 50% entre los genes y el ambiente. Se considera que hasta el 80% de la inteligencia está genéticamente determinada en los adultos. Es más, la inteligencia que heredamos es significativamente responsable del desempeño de los individuos en su vida, determinando parte de sus ingresos, su salud o su expectativa de vida. Sí, está en los genes.

La otra premisa es aun más peliaguada y la que más perturba al clima "progresista" de opinión. La realidad es que desde 1918 se han encontrado diferencias consistentes en el reparto de la inteligencia general entre grupos raciales. Richard Lynn resume el caso en un artículo publicado hace poco en The Salisbury Review, conmemorando los 100 primeros años del CI:

Más desconcertante para la izquierda liberal resultó la evidencia de que existían diferencias raciales en el CI. Se descubrió por primera vez en los Estados Unidos en 1918, cuando se analizaron los test de los reclutas y se vio que los negros poseían un CI medio de 84 y los blancos un CI medio de 100. Estas diferencias han sido confirmadas en estudios numerosos hasta el presente. 
En 1994 Richard Herrnstein y Charles Murray argumentaron en su libro The bel curve que estas diferencias en el CI explicaban en buena parte por qué los negros tienen resultados más pobres en la educación y el empleo y poseen tasas más altas de dependencia del bienestar y de madres solteras. 
La izquierda liberal aún se ha molestado más en la última década durante la cual se han calculado los CI para todas las razas y naciones, mostrando grandes diferencias entre diferentes pueblos. Los judíos askenazíes poseen el CI más alto con una media de 110. Esta es una de las razones por las que tienen tanto éxito y son tan prominentes en sus profesiones, negocios o en la academia, o por qué reciben tantos premios y galardones por su impresionante trabajo intelectual, tales como el premio Nobel. 
Seguidamente los chinos, japoneses y otros asiáticos del noreste poseen los CI mayores. Esto explica por qué Japón, Corea del Sur, Taiwan y Singapur lo han hecho también económicamente durante el último medio siglo y por qué China ha logrado tasas tan altas de crecimiento económico en los años recientes a que se introdujeran en la economía de mercado. Las naciones europeas poseen una media de Ci de 100, lo que hace que sea difícil para ellos competir económicamente en contra de los del noreste asiático. 
Los CIs más bajos son los de los Bushmen del desierto de Kalahari y los pigmeos de las selvas lluviosas del oeste de África con una medida de 53, y los australianos aborígenes con una media de 62. Los Ci en el África subsahariana son aproximadamente de 70 y esto hace que su desarrollo económico se detenga. 
El cálculo del CI para todas las naciones del mundo ha mostrado que las diferencias en el CI contribuyen de forma significativa en las diferencias del desarrollo económico y en nuestra comprensión sobre por qué algunas naciones son ricas y otras siguen pobres.

Un problema básico con estas afirmaciones, y que no pasará desapercibido, es que suelen rechazarse por razones morales más que por razones empíricas y "científicas", por lo que se enfrentan rutinariamente con una cantidad de críticas, digamos, "extra". Para poner un ejemplo, en la página de Wikipedia del profesor Richard Lynn se avisa píamente de que se trata de alguien "controvertido", como si alguna área de la psicología, o para el caso de la ciencia, no lo fuera.

Es posible que a los europeos les cueste aceptar que una de las razones por las que están fracasando en la competencia económica con las naciones asiáticas radique simplemente en la distribución natural de la inteligencia, pero esta podría ser una de las razones: sí, también hay naciones más inteligentes que otras. Aunque esto no lo explique todo. Anecdóticamente el reparto de la inteligencia por naciones no explica, por ejemplo, cómo se están comportando las naciones europeas en esta crisis económica. España de hecho ocupa un excelente puesto número 16 mundial (con una media de CI de 99) en el conjunto de los países occidentales, por delante de Australia, Estados Unidos, Francia, Dinamarca o Noruega.




Richard Lynn (1930) es profesor emérito de la universidad de Ulster conocido por su estudio de la inteligencia general y de las diferencias raciales, étnicas y nacionales de esta capacidad. Es miembro del consejo editorial de revistas como Intelligence y Personality and individual differences. Su último libro publicado, Dysgenics. Genetic deterioration in modern populations, trata sobre el hipotético declive genético de las poblaciones humanas modernas.