30 jul. 2013

El altruísmo extremo de los europeos

Dos cooperantes españolas regresan a casa, después de un largo cautiverio y presumiblemente después de pagar un cuantioso rescate que los responsables políticos prefieren mantener en secreto. Una mayoría de la opinión pública en los países de origen, con independencia de ideologías y afiliación religiosa, coinciden en subrayar los altos valores morales que representan estas misiones altruístas y “humanitarias” en tierras más o menos exóticas.

El altruísmo se presenta como un bien absoluto, algo de lo que no podemos tener demasiado. Pero, al menos desde el punto de vista biocultural que nos gusta en este blog, cabe preguntarse si realmente es así y cuáles son sus costes eventuales. La peripecia de los cooperantes españoles parece encajar como un guante en la definición clínica del altruísmo patológico: "concentración en los demás en detrimento de las propias necesidades", aunque por razones no muy difíciles de adivinar rara vez se extiende este análisis hasta lo que hacen grandes grupos raciales, como blancos o europeos.

El problema del altruismo familiar 

Según la biología evolucionista, se dice que un organismo cualquiera se comporta de forma altruísta “cuando su comportamiento beneficia a otros organismos, a un coste para él mismo. Los costes y beneficios se miden en términos de éxito reproductivo (...) Al comportarse de forma altruísta, un organismo reduce el número de su descendencia que probablemente produciría él mismo, pero aumenta el número que probablemente producirán otros organismos”.

Las conductas altruistas humanas evolucionaron en el contexto de pequeños grupos, y este “altruísmo familiar” o “altruísmo entre hermanos” todavía es una clave de las sociedades humanas, especialmente aquellas que todavía están organizadas sobre la base de clanes o tribus. Se sabe, además, que este tipo de altruísmo contradice las expectativas de cooperación típicas en las sociedades modernas, liberales y democráticas. Cuanto más tribal y familiar es una sociedad, menos probabilidades tiene de desarrollar una forma democrática moderna. Según Woodley y Bell (2012), la consanguinidad, es decir, el matrimonio entre primos segundos o parientes cercanos “favorece un colectivismo rígido que resulta hostil al individualismo y el reconocimiento de los derechos individuales, elementos clave del ethos democrático”.

Como no existe prácticamente ningún rasgo complejo de la conducta humana que sea sólo cultural, o sólo biológico, lo más probable es que los distintos tipos de altruísmo social también estén en el único sitio donde pueden estar: en los genes y en la biodiversidad humana. Es decir, lo más probable es que distintas poblaciones humanas tengan distintos tipos de genes dedicados al altruísmo y que esta sea la razón, en combinación con los accidentes locales de la historia cultural, por la que “los miembros de las sociedades democráticas occidentales, educadas e industrializadas, incluyendo a los niños pequeños, se encuentran entre las poblaciones menos representativas”, también en lo que respecta a la cooperación. 

El altruísmo europeo es raro 

Centrándose en la historia cultural, Francis Fukuyama ("The origins of political order", primer volumen) subraya el “excepcionalismo” europeo. El punto clave es que, en Europa, las sociedades políticas no se habrían formado directamente a partir de sociedades tribales. La sociedad europea era “individualista desde el principio, en el sentido de que los individuos y no sus familias o grupos de parentesco podían tomar importantes decisiones sobre el matrimonio, la propiedad y otros temas personales”. Un segundo elemento contra el altruísmo familiar y tribal fue, en nuestro caso, la misma iglesia católica que “cortó sistemáticamente todas las avenidas disponibles que poseían las familias para traspasar su propiedad a los descendientes”. La iglesia católica también favoreció, indirectamente, la independencia y libertad de las mujeres pese a relatos que insisten corrientemente en el sentido contrario.

Curiosamente, un tercer elemento de la solidaridad extrema europea podría haberse debido a las invasiones bárbaras, que podrían haber revitalizado genéticamente la sociedad occidental al permitir el “robo” de nuevos genes altruístas. Aunque, como explica hbd chick (extraordinario, su blog), esto no significa que la civilización vaya a beneficiarse sistemáticamente con la mezcla de cualquier otra invasión bárbara que llame a sus puertas. Una forma menos arriesgada de evitar el estancamiento genético de una población es poner nuevas trabas a la consanguinidad y confiar en la variedad genética ya existente.

Un conjunto de circunstancias biológicas y culturales, en cualquier caso, habrían dado lugar a un tipo de altruísmo extremo europeo (pero difícilmente un altruísmo extremo asiático, o un altruísmo extremo africano, o australiano) en el que, idealmente, algunas personas terminan prestando más ayuda a personas con las que están menos relacionadas genéticamente. ¿Podemos estar siendo patológicamente altruístas?: “quizás una excesiva escasez de genes de “altruísmo de hermanos” (“sib altruism”) haga que la sociedad se debilite y empiece a decaer. Pero quizás demasiados genes para el altruísmo recíproco pueda poner en un problema a tu propia sociedad, especialmente si se las tiene que ver con fuertes sociedades tribales”.