14 mar. 2013

La evolución de la “mirada masculina”

Fay Wray en "King Kong" (1933)

El término “mirada masculina” fue acuñado en 1975 por la “teórica feminista de cine” Laura Mulvey con la intención de describir “el modo en que las mujeres resultan relegadas al status de objetos eróticos en el cine clásico de Hollywood”. De acuerdo con Mulvey esto satisface un deseo “escopofílico” freudiano bajo el que se oculta el temor masculino a la castración: “al ser objetivadas en la pantalla como objetos sexuale pasivos, el hombre intentan tomar el control sobre ellas para superar su temor”. Al mismo tiempo, la “objetivación” de la mirada masculina estaría aparejada con las relaciones desiguales de poder típicas de la sociedad “patriarcal”.

Según Griet Vandermassen (2010) la psicología evolucionista puede explicar mejor la mirada masculina. Según su propia perspectiva darwinista “no tendría nada que ver en absoluto con la ansiedad de castración, sólo algo con el patriarcado, y casi todo con la selección sexual y, en consecuencia, con nuestra herencia evolutiva”.

Universales sexuales 

Si la objetivación masculina es un efecto del “patriarcado” (este término hay que ponerlo siempre entre comillas cuando nos referimos al uso peculiar que hace de él la teoría feminista), como argumenta Vandermassen, ¿por qué entonces el porno gay tiene las mismas características estéticas y objetificadoras que el heterosexual? Además, la objetivación del cuerpo femenino es virtualmente “una característica de todas las sociedades humanas, con independencia de cuál sea su grado de igualdad sexual o desigualdad. Incluso en las sociedades sexualmente más igualitarias, los chicos tienden a esculpir símbolos de pechos y vaginas a partir de la madera de los árboles, y los hombres hacen grandes esfuerzos para ver esas partes del cuerpo femenino habitualmente ocultas”.

Universalmente, los hombres tienden a preferir mujeres jóvenes y bellas (se ha propuesto el término “koreogamia”), mientras que las preferencias de las mujeres se inclinan más por hombres algo mayores que ellas y de status superior ("hipergamia") (Buss, 1989).

La “mirada masculina” no ha sido “socialmente construída”, sino que arraigaría en preferencias evolutivas de la mente humana: “Según esta visión los medios no imponen standards de belleza y comportamiento arbitrario (...) Más bien, explotan las psicologías evolucionadas de los sexos, fabricando productos que encajan en los intereses típicamente femeninos o masculinos, como el porno (orientado a los hombres) y las novelas románticas (orientadas a mujeres)."

Selección sexual 

Competencia intrasexual
Un hecho rutinariamente reconocido por los estudiosos del comportamiento animal, incluyendo a los seres humanos, es que las mujeres son más “selectivas” que los hombres con respecto al sexo. Y la respuesta radica en las diferencias de ambos sexos en la inversión parental, típicamente mayor en las mujeres. A este nivel biológico más elemental lo que cuenta no es ser macho o hembra  sino la cantidad relativa de inversión parental: "En algunas especies de aves y ranas la inversión parental da la vuelta, porque son los machos los que incuban los huevos. Tal como predice la teoría, estas especies exhiben roles sexuales revertidos: los machos son sexualmente más selectivos y las mujeres son más grandes, compiten más por sexo y son más agresivas.”

En el ser humano el cuadro es algo más complicado, sin embargo, dada la fuerte inversión parental de los hombres, lo cual da lugar a que emerja la elección masculina y también la competencia entre mujeres.

Los hombres son más “calientes”

Otra explicación para la “mirada masculina” es que los hombres están, en promedio, mucho más interesados en el sexo. Los hombres tienen en general más deseos sexuales y mayor deseo de tener una variedad de parejas sexuales. Según la síntesis de Vandermassen estos factores conjuntamente crearían una fuerte tendencia masculina para ver a las mujeres como objetos e incluso como “meras colecciones de partes de cuerpos femeninos”. Los hombres serían casi "fetichistas naturales".

Vandermassen no niega que los hombres deseen tener relaciones comprometidas (lo que es claramente el caso) pero subraya que, de acuerdo con la lógica de la evolución humana, se interesan mucho más por el atractivo físico, que en realidad son señales de fertilidad; desde simetría facial a ojos grandes o la conocida relación entre cintura y cadera.

Las modelos de las revistas o de las películas pornografías en resumidas cuentas no son manifestaciones exclusivas de la sociedad “patriarcal”, sino recursos hábilmente explotados para secuestrar las preferencias evolutivas de hombres y mujeres. La cultura sólo tiene un efecto limitado sobre estas preferencias, por lo que este tipo de información ha de ser tenida al menos en cuenta cada vez que se proponen medidas políticas drásticas, como la iniciativa reciente del Comité de la Unión Europea para los Derechos de las Mujeres y la Igualdad de Género para prohibir la pornografía y combatir los “estereotipos sexuales”.


Referencias:

Buss, D. (1989). Sex Differences in Human Mate Preferences: Evolutionary Hypotheses Tested in 37 Cultures. Behavioral and Brain Sciences 12:1-14.

Vandermassen, G. (2010) Woman as erotic object. A darwinian inquiry into the male gaze. The evolutionary review 1(1). p.69-75