11 oct. 2012

La conspiración de las madres asesinas

Mary Daly (1928-1910)


Gracias a internet (o a Google) la difusión de ideas disparatadas hoy está más que nunca al alcance de todos. Prácticamente cualquiera puede abrir un canal en YouTube para proponer, pongamos por caso, que en unas pocas décadas se reduzca al 10% la población de hombres en el planeta, con el fin de instaurar una nueva era de paz y prosperidad femenina libre de testosterona.

Y no es una fabulosa novedad. La teóloga feminista Mary Daily también defendió, pero desde las aulas del Boston College, que sería preciso "descontaminar" la tierra y lograr una "drástica reducción en la población de hombres".

Dejando a un lado las objeciones morales más corrientes, está "propuesta" se enfrenta con serios -aunque no definitivos- inconvenientes no culturales.

Si es cierto, como afirma la psicología evolucionista, que las mujeres han evolucionado preferencias hacia los hombres capaces de proveerles de bienestar y cuidado para sus hijos, ¿por qué iban a renunciar tan fácilmente? ¿por qué iban a querer matar a los hombres?

Existen incluso determinadas situaciones ecológicas en las que las madres favorecen, de modo natural, el nacimiento de hombres, tal como ha explicado Robert Trivers.

Una proporción de sexos de 10 hembras para cada macho es inusual en el reino animal, en cualquier caso. Que yo sepa no hay ningún porcentaje similar entre nuestros parientes primates más próximos. El ratio de sexos en el planeta actualmente es ligeramente desventajoso para los chicos: por lo visto en 2010, hay 1.000 hembras humanas por cada 986 machos.

Aunque las madres también pueden ser indiferentes hacia sus hijos, y a veces llegar a matarlos, una conspiración de madres asesinas a escala global es extremadamente improbable, en especial mientras el parto y la crianza sigan siendo "naturales" y en consecuencia el amor materno continúe arraigando en la neurobiología del apego, a través de factores biológicos conocidos, como el aumento de niveles de prolactina y oxitocina durante la toma del pecho.

Solamente una supresión drástica de la reproducción natural, idea que por cierto defendía Shulamith Firestone, podría dar al traste con estas defensas naturales.

Si realmente llegamos al escenario de Un mundo feliz, es probable que las reglas del juego moral varíen de un modo insospechado. Aunque antes también es probable que la singularidad haya descargado ya su ira repentina contra toda la raza humana, sin consideración hacia el sexo, aguando para siempre los planes de la conspiración global femenina.


Publicado en paralelo en Igualdad racional.