20 ago. 2012

Israel como coartada para el antisemitismo

Varsovia durante la II guerra mundial: "Sólo para judíos"


Normalmente rechazo escribir sobre asuntos políticos extracientíficos en el blog, pero este tema es excepcional. No sólo porque desborda el partidismo habitual, sino porque conocer mejor la historia de los judíos también es esencial para entender la historia de las ideas naturalistas. Esto quedará más claro cuando trate sobre el libro del rabino ateo acerca de la historia secular de los judíos.

El antisemitismo es una especie de prejuicio de prejuicios, un fenómeno histórico difícil de analizar sin mancharse las manos, desde una racionalidad puramente técnica y libre de sesgos.

Hace unos años, junto con otros bloggers y amigos, redactamos y publicamos una sucinta Petición por un trato justo a Israel. El sitio original ha desaparecido, pero como Internet no olvida, el texto completo todavía se puede leer aquí. Tras anotar una brevísima filosofía del estado, en relación al origen del Israel moderno, condenábamos los "discursos anti-israelíes que, si no propiamente antisemitas, se nutren cada vez con menos reparo de la gramática y los repertorios del antisemitismo histórico".

El profesor emérito de ciencia política Norman Geras desarrolla muy bien el tema de nuestra antigua Petición. Sí, es cierto que no todas las críticas a Israel son antisemitas, pero según Geras muchas lo son de hecho y descansan en el mismo conjunto de estereotipos descubiertos en su momento por Marx (particularmente en La cuestión judía). Ahora, la coartada es Israel:

Israel es invocado normalmente para negar que haya en juego ningún tipo de antisemitismo. Israel, según esta historia, es un estado delincuente y, de acuerdo con aquellos que así lo consideran, también ilegítimo, colonialista, imperialista, vehículo de opresión, etc. 

Significativamente, a los judíos también se les niega de forma más o menos explícita el derecho a la organización colectiva:

De modo similar, los judíos de la diáspora que defienden a Israel en sus países de acogida no se ven como los conductos de los intereses y/o opiniones judías a la manera habitual en otra articulación democrática. Más bien, son tratados como una fuerza sospechosa, el escandaloso “lobby judío”, como si su existencia organizada de algún modo resultara impropia. 

Geras disecciona a continuación algunas de las formas principales de este antisemitismo tácito y negado.

Uno de las formas más frecuentes de antisemitismo camuflado consiste en interpretar el antisemitismo como un mero epifenómeno del conflicto árabe-israelí, como cuando el cineasta Ken Loach consideró que una nueva oleada de antisemitismo en Europa sería “perfectamente entendible” en las actuales circunstancias. Para ver hasta qué punto Israel funciona aquí como una coartada, Geras nos invita a hacer el ejercicio mental de imaginar a Loach afirmando que una oleada de odio racial contra los mexicanos o los negros europeos sería “perfectamente entendible”.

Una segunda fuente del antisemitismo moderno que tiene una enorme influencia es el negacionismo del holocausto, cuya popularidad se ha visto indudablemente incrementada por la coartada israelí. Así, la supuesta crueldad de los israelíes contemporáneos se emplea frecuentemente para tratar de proporcionar una justificación moral de la negación del holocausto. Geras hace una observación muy dura y certera al apuntar que este negacionismo:

es continuo con la práctica del mismo periodo nazi, cuando los guardas de los campos se burlaban de sus víctimas judías diciéndoles no sólo que estaban condenados a morir, sino también que sería borrado todo conocimiento de lo sucedido. Ellos serían olvidados y el mundo nunca sabría nada. 

Otra forma insidiosa de antisemitismo camuflado consiste en clasificar como meramente “retóricos” y vestigios del pasado aquellos pasajes antisemitas que aderezan los discursos críticos con Israel, como cuando los izquierdistas disculpan que la Carta de Hamas conceda autoridad en sus estatutos a un documento de la catadura de los Protocolos de los sabios de Sion.

La última de las principales formas de antisemitismo camuflado consiste en dar cobertura a los argumentos furiosamente antiisraelíes y simplemente mirar hacia otro lado. Geras cita ejemplos de la prensa izquierdista en Gran Bretaña, como cuando The Guardian ofrece sus páginas a los portavoces de Hamas o publica libelos que justifican el asesinato de judíos.

En España no nos será muy difícil encontrar ejemplos semejantes en los diarios más prestigiosos y de mayor circulación especialmente entre los lectores de la “izquierda”. Aunque no únicamente en la izquierda. Uno de los rasgos del antisemitismo que lo hacen más interesante como tema de estudio es justamente el hecho de que reúne a todo el espectro ideológico: desde la izquierda proislámica hasta el conservadurismo tradicionalista, pasando por el conspiracionismo extraterrestre.

Pero la última observación de Norman Geras es especialmente agria con el papel de los progresistas:

Es un escándalo moral que sólo unas décadas después de la incalculable catástrofe que soportaron los judíos de Europa, estos temas antisemitas sean de nuevo respetables. Respetables no sólo entre los matones, sino crecientemente dentro de la sociedad educada, y dentro de los perímetros de una autocomplaciente opinión liberal y de izquierdas. Es una lección desoladora para todos aquellos que estén dispuestos a ver. El mensaje “nunca más” ha resultado ser demasiado optimista. Los genocidios todavía ocurren. Ahora también sabemos que si cae una nueva calamidad sobre el pueblo judío, habrán no sólo arquitectos directos y ejecutores, sino también colaboradores y confabuladores que miran hacia otro lado y encuentran las palabras adecuadas para hacerlo. Desalentadora y vergonzosamente, algunos de estos estarán en la izquierda.