23 jul. 2012

¿Debe prohibirse la circuncisión por motivos religiosos?

Los debates sobre las repercusiones morales de la circuncisión arraigan en una polémica histórica, al menos desde los tiempos del esplendor alejandrino, cuando las comunidades judías en la diáspora se enfrentaban a las influencias de una gran cultura cosmopolita. Hay que tener en cuenta que la circuncisión masculina, una antigua práctica semítica, de hecho es uno de los dos signos tradicionales de pertenencia fundamentales del judaísmo (el otro es el Sabbath).

La controversia ha regresado a la actualidad, debido a la reciente sentencia de un jurado alemán en Colonia, que ha fallado en contra del derecho de los padres (islámicos) a someter a sus hijos a la circuncisión masculina. La sentencia se fundamenta en que el “derecho fundamental del niño a su integridad corporal sobrepasa los derechos fundamentales de los padres.” Parece un caso evidente de colisión de dos tipos de derechos diferentes: “La libertad religiosa de los padres y su derecho a educar a sus hijos no se comprometería de forma inaceptable si se obligaran a esperar a que el niño pudiera decidir por sí mismo circuncidarse.”

En el magnífico blog Practical Ethics, Brian D. Earp argumenta que no es ético mutilar el pene de un niño por motivos religiosos y que los temores de los ortodoxos carecen de justificación.

No sorprendentemente, la idea de que la circuncisión debe ser mantenida a toda costa porque se trata de una costumbre irrevocable sólo es cuestionada por la facción más liberal del judaísmo:

Muchos judíos están totalmente en desacuerdo con que sus costumbres religiosas sean “no negociables.” ¿Deben dejarse barba todos los hombres, por ejemplo, como se establece en el Levitico? Esto es debatible. Del mismo modo, algunos judíos humanistas, aunque aún en minoría, han llegado a la conclusión de que la circuncisión, lejos de ser “no negociable”, en realidad es un mal innecesario o incluso cruel. No hay un consenso sobre la materia dentro del judaísmo. 

Pese a que el argumento de Earp y de los judíos liberales es filosóficamente convincente, también es una evidencia que este debate teórico se encuentra envuelto en consideraciones históricas más profundas y pegajosas, que explican la hostilidad de algunos grupos ante la sentencia alemana, y el miedo a que no sea una medida para proteger los derechos individuales, sino una prohibición encubierta del judaísmo.

Un punto de vista históricamente más agresivo, próximo a los ultraortodoxos, lo aporta el blogger Spencer en Asia Times, en un post que suena a amenaza profética:

Israel es el modelo ejemplar para la santificación del cuerpo humano. La dedicación del individuo a Dios a través del cambio físico, a través de la santidad de la vida familiar, y de la santidad de toda la vida encarnada en nuestras leyes dietéticas. Pero si arrancas lo sagrado de la vida humana, la vida misma se convierte en intolerable. Yo advierto que los alemanes están en peligro de extinción debido a que han dejado de tolerar la vida. 

En resumidas cuentas, en este debate sería preciso separar las cuestiones éticas de otras implicaciones políticas de carácter más práctico que arraigan en una historia cultural compleja, muchas veces asociada con el antisemitismo. Lo que es “ético” no siempre, y no necesariamente, es política o jurídicamente prudente.