25 jun. 2012

El fracaso del secularismo árabe

Uno de los supuestos ideológicos más arraigados en nuestra cultura política es la idea de que los procedimientos democráticos siempre dan lugar a resultados óptimos. Podríamos examinar esta predicción a la luz de las consecuencias tangibles de las revueltas árabes recientes, en definitivas cuentas, a la luz de la implantación de regímenes islamistas en buena parte del mediterráneo, normalmente con el aplauso de los líderes occidentales, de la "izquierda" y también de los activistas digitales, que siempre han subrayado el supuesto papel progresista que habrían desempeñado internet y las "redes sociales" en este proceso. Incluso la revista Time encumbró al "manifestante" (the protester) como "persona del año" en 2011. Este "manifestante" idealizado incluía movimientos tan heterogéneos y contradictorios entre sí como los rebeldes de la "primavera árabe", el movimiento español de los "indignados" y los activistas del Tea Party norteamericano.

Es evidente que todas estas protestas no comparten una misma agenda ni persiguen fundar una sociedad más democrática y liberal. Por más que los manifestantes de la plaza Tahir exhiban estos días banderas tricolores y que se señale a Mohamed Morsi como "el primer presidente democrático", Egipto no es un país secular, ni republicano, ni liberal. Este gráfico es particularmente devastador:




Esta encuesta Pew de 2011 mostraba que hasta el 84% de los egipcios eran favorables a aplicar la pena capital a los apóstatas del Islam. Egipto es de hecho uno de los países árabes más reaccionarios. Después de Jordania o Palestina, los egipcios son los más partidarios de que la Sharia sea la "única fuente de legislación". Los partidarios de Morsi que, con el Corán en la mano, gritaban "¡Esta es ahora nuestra constitución!" agudizan esta tendencia.

Jerry Coyne: "Décadas de cultura secular están a punto de desaparecer, mientras un país vibrante cae en el fascismo islámico. ¿De esto trataba la revolución?"