26 may. 2012

Burocracias celestiales

Leyendo estos días el magnífico Imperios del mundo atlántico. España y Gran Bretaña en América (1492-1830), de John H. Elliott, me ha llamado la atención especialmente una de las láminas a color que muestra este San José y la Virgen pintado por José de Alcíbar en 1792:

San José y la Virgen (1792)

Elliott añade esta leyenda:

La burocracia celestial en funcionamiento: la Virgen y san José actúan como mediadores y transmiten peticiones a Cristo para su despacho. Aunque se suponía que los reinos de este mundo seguían el modelo divino, esta pintura insinúa que el mundo hispánico se formó una imagen del reino de los cielos según la estructura jerárquica de una monarquía española burocratizada, con sus ceremoniales, peticiones y cabildeos enrevesados, movida por la convicción de que un monarca agradecido recompensaría los servicios prestados llegada la hora.

Se atribuye a Jenófanes de Colofón (siglo V a.C.) una de las primeras críticas a los dioses homéricos antropomorfos: "Los etíopes dicen que sus dioses son chatos y negros, mientras que los tracios dicen que los suyos tienen ojos azules y son pelirrojos". Un tipo de planteamiento que, corriendo los siglos, radicalizará Ludwig Feuerbach (y Marx después de él) al conseguir finalmente una reducción completa de la teología a la antropología: "El hombre dice de Dios lo que cree de sí mismo".

La pintura de Alcíbar no podría ilustrar mejor estos principios.

Apoyándose en el caso de la monarquía hispánica universal, o en el mismo imperio chino, con sus celestiales burocracias coronadas por el emperador Jade, puede decirse realmente que los hombres (al menos los hombres de estado) crearon a los dioses a imagen y semejanza de sus reyes y burócratas.