2 mar. 2012

Spinoza sobre los llamados “espectros”

Carta de Baruch Spinoza a Hugo Boxel en la que trata sobre la hipotética existencia de "espectros", datada en 1674. Spinoza, un cauteloso escéptico del siglo XVII. Reproducida en el blog Artilleria inmanente:

Su carta, que he recibido ayer, me ha sido muy grata, tanto porque yo deseaba oír alguna noticia de usted, como porque veo que usted no se ha olvidado de mí. Ciertas personas tal vez puedan dar malos presagios de que los espíritus hayan sido el motivo por el que usted me haya escrito. Para mí es todo lo contrario, yo considero que es cosa importante; yo no estimo solamente a las cosas reales, ya que también las quimeras y las imaginaciones me pueden ser de alguna utilidad.  
Dejo por el momento de lado la cuestión de si los espectros son parte de las ilusiones de la imaginación, ya que le parece extraño negarles existencia o tan sólo ponerla en duda, contando con tantas historias antiguas y modernas que menciona. La gran estima que siempre le he tenido, y que sigo teniendo por usted, además del respeto que yo le debo, no me permite contradecirle, aunque bien tampoco pienso aludirle. Usaré un término medio y le pido de favor que de todas las historias de espectros que usted conoce, escoja alguna de ellas, la que deje menor lugar a dudas y que muestre lo más claramente que los espectros existen. Debo admitir que nunca he leído a un autor digno de fe que muestre claramente su existencia. Y hasta ahora sigo ignorando lo que son y ninguna persona me lo ha podido decir. Sin embargo, es claro que tenemos que saber lo que es una cosa que la experiencia nos muestra tan claramente. Si no es así, resulta difícil que la existencia de los espectros surjan de meras historias. Lo que surge es la existencia de algo que nadie sabe lo que es. Si los filósofos quieren llamar espectros a aquello que no conocemos, no negaré su existencia, porque hay un número infinito de cosas que yo ignoro.  
Por último, señor, antes de que yo me explique más ampliamente sobre esta materia, le pido que usted me diga qué son estos espectros o espíritus. ¿Son acaso niños, tontos o locos? Porque todo lo que me dijo de ellos es más apropiado para los seres privados de razón que para los de buen sentido, y para interpretar en el mejor sentido, a cosas vanas e infantiles, o a las diversiones de los locos.  
Antes de terminar sólo voy a comentar esta observación: el deseo que tiene la mayor parte de los hombres de contar las cosas, no como ellas son realmente, sino como quieren que éstas sean, es muy reconocible en las historias de fantasmas y de espectros; así como la esperanza que ellos tienen de hacerse conocer por esas narraciones de espectros y de espíritus resulta ser más fácil que haciéndolo con historias serias. La razón principal en esto es, creo yo, por la ausencia de más testigos que los mismos narradores, con lo que pueden inventar a su discreción, añadir o eliminar las condiciones que les plazca, sin temor a rival que les contradiga. Así, inventarán esas historias para justificar, a sus ojos, el terror que tienen de sueños y visiones. Algún otro para incrementar su valentía, para consolidar su autoridad y valor de su opinión. Otras razones me hacen dudar si las historias en sí mismas, al menos las de estas circunstancias descritas, y que más contribuyen, deben ser consideradas para tratar de concluir algo de estas historias. Me detendré aquí, hasta que conozca cuáles son las historias que lo tienen convencido a tal punto, que dudar parece algo absurdo, etc.