10 feb. 2012

No tan “buen” salvaje

Aunque un trabajo reciente de Coren Apicella (et al.) acaba de destacar que la cooperación, más allá del círculo familiar, desempeñó probablemente un papel crucial desde un estadio arcaico de la "humanidad", otras dos evidencias recientes enfrían las tentaciones de pintar un pasado ancestral idílico.

En primer lugar, parece que nuestros antecesores no sólo se parecen a nosotros en sus redes sociales, también compartimos una relación conflictiva con el entorno ecológico.

Al fin y al cabo, la idea de una naturaleza amigable y de una "madre tierra" nutricia con la que los seres humanos disfrutan de un armoniosa relación, no pasa de ser una invención romántica occidental cuya fecha de fabricación conocemos. Si se me permite la digresión, esto es lo que comenta Robert Bellah acerca de la religión de los aborígenes australianos:

La idea de "la diosa", de la que hemos oído hablar tarde (igual que, por supuesto, de la idea de "el dios") sólo era incipiente en los pueblos arcaicos (...) La apropiación New Age de la religión aborigen, en nombre de la recuperación del pasado, ha traído importantes novedades. Aunque la tierra en el sentido de lugar era central para el pensamiento aborigen y los cultos a la madre no eran del todo desconocidos, tal y como asegura Swan, "hasta principios de los años 80 no tenemos ninguna evidencia de que los aborígenes se refieran a la Madre Tierra".

Según un estudio que comentan ahora en Nature, el cambio climático solamente no explicaría la abrupta pérdida de masa forestal acaecida hace 3.000 años, según se desprende del examen de los sedimentos en el río Congo. El equipo de investigadores del Instituto Francés para la Exploración del Mar concluye que los pueblos de habla Bantu, de los que se conoce que emigraron a África central hace 4.000 años, probablemente produjeron "un impacto significativo en la masa forestal" debido a la necesidad de tierras y a la fundición del hierro. Aunque otros investigadores se muestran escépticos con estas conclusiones, la brecha en el registro de los sedimentos probablemente implica una combinación de los dos factores: cambio climático + influencia humana.

Conviene recordar que otro trabajo (Marlow, 2004) [PDF], centrado justamente en el comportamiento cooperativo entre los Hadza, arrojó sombras sobre el supuesto "igualitarismo" de las sociedades humanas ancestrales. Para probar si los Hadza son "igualitaristas de corazón" (y no más bien igualitaristas oportunistas) los investigadores analizaron sus respuestas en juegos del dictador y del ultimatum. En realidad, los resultados fueron bastante inferiores a los que mostraron experimentos similares con sociedades occidentales "complejas". Joseph Henrich ya se hizo eco de estos trabajos en su famoso artículo sobre las sociedades "raras" [PDF]. En resumidas cuentas, los cazadores y recolectores podrían ser secretamente más egoístas que nosotros.