21 feb. 2012

El patriarcado como “bien común”

Pascal Boyer se pregunta por qué algunos hombres se preocupan tanto por "controlar" a las mujeres con las que no están casados y por qué se muestran tan emocionales en ello. La pregunta surge en un contexto bastante extremo (el acoso de unos judíos ortodoxos a niñas con los brazos desnudos), pero sirve para plantear la cuestión de forma más general. La respuesta correcta no es que "los hombres odian siempre a las mujeres". Merece la pena reproducir lo que dice Oliver Morin:

Lo que sucede cuando se salen con la suya las normas anti-patriarcales no siempre es bonito. Las opciones para emparejarse no tratan sólo sobre el buen aspecto y las expectativas de reproducirse. El dinero y el poder importan. Cuando no se refuerza un sistema patriarcal, los ricos y poderosos se benefician de dos modos: primero, pueden controlar directamente su propia capacidad para reproducirse mediante la compra de mujeres de varios modos, a través de la prostitución, de la esclavitud, de la guerra, de la simple ambición, o de una combinación de todo esto (David Graeber sugiere que las instituciones patriarcales del judaísmo evolucionaron como reacción a la prostitución y el tráfico de esclavos). En segundo lugar, pueden usar a esas mujeres como un símbolo de su propia influencia: las mujeres cautivas se convierten en una muestra de poder, y a menudo son empleadas de forma bastante literal como dinero (de nuevo Graeber). Recordar la cólera de Aquiles. El patriarcado puede verse como una reacción contra la competición sobre las mujeres por parte de compañeros sexuales en cuanto símbolos de la propia dignidad, y contra la desigualdad que crea. 
¿Por qué los machos intentan controlar a las mujeres con las que no pueden tener sexo? Porque están protegiendo un bien común. Si estuvieran persiguiendo su propia ventaja privada no tendría sentido intentar controlar a los demás. Están mostrando a todo el mundo que el patriarcado se aplica a todo el mundo, porque es exactamente lo que se necesita para mantener un bien común. Se necesita que la sociedad sea unánime, y la unanimidad ha de ser pública (dentro de esta lógica el aborto podría ser tolerado cuando es secreto, pero nunca debería ser legal, incluso si resulta en pocos abortos"). 
¿Por qué son tan emocionales en esto? Porque están preocupados, y algunas veces correctamente (desde su perspectiva) sobre lo que pasaría si las normas patriarcales se vinieran abajo. Sienten que si las mujeres son libres para circular los hombres más ricos y poderosos robarán a sus mujeres y las convertirán en prostitutas, y ellos mismos perderán su dignidad. Causa suficiente para la ira. 

Francis Fukuyama llega a una conclusión equiparable a la de Graeber en su libro sobre la historia de los orígenes de la política. Según esta visión, el "patriarcado" cristiano tuvo, en realidad, un efecto positivo en el status de las mujeres, en comparación al status antiguo. Si bien -y esto es crucial- el efecto no fue intencionado:

El status relativamente alto de las mujeres de la Europa occidental fue un producto accidental del autointerés de la iglesia. La iglesia hizo difícil que una viuda se volviera a casar con un miembro de la propia familia, lo que devolvería su propiedad a la tribu, haciendo de ella la propietaria. El derecho de la mujer a ser propietaria y a disponer de su propiedad como quisiera resultó beneficiar a la iglesia, dado que proporcionó una gran cantidad de donaciones de viudas sin hijos. El derecho de la mujer a ser propietaria resultó en la muerte de los linajes agnáticos, al menoscabar el principio de descendencia unilineal. (Pág. 238)

Históricamente, lo que sucede cuando se dejan de favorecer las normas patriarcales casi nunca se parece a una comunidad pacífica de mujeres, tal y como proponían las utopías hedonistas y libertarias desde la antigüedad (y también Platón). En muchas ocasiones se parece a un sistema notoriamente más injusto y competitivo, dominado por los hombres más fuertes o que tienen menos escrúpulos morales. Hoy mismo sigue siendo así.

Y un recordatorio final: explicar no es justificar.

"¿Por qué participan los hombres en esta clase de coacción y violencia?"


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