3 ene. 2012

Nazismo y cristianismo. Los teólogos no son enemigos del Volk

Reseña de El reich sagrado. Concepciones nazis sobre el cristianismo (1919-1945), de Richard Steigmann-Gall. Akal, 2007

Richard Steigmann-Gall es profesor asociado de historia en la Kent State University y fue director de su programa de estudios judíos de 2004 a 2010. Su libro es una lectura imprescindible, y por lo visto no del todo conocida, para entender un aspecto clave en la historia política del siglo XX: la relación entre la ideología de los nacionalsocialistas alemanes y sus creencias religiosas.

Para Steigmann-Gall la idea de que el cristianismo de los nazis consistía en una mera apropiación oportunista que ocultaba una agenda "anticristiana" no resiste el análisis de las evidencias, tanto si nos referimos a las decisiones que de hecho tomaron los dirigentes del "reich", como si tenemos en cuenta sus declaraciones públicas o sus confesiones privadas. El periodo nazi no se caracterizaría por el "abismo de impiedad" denunciado por Karl Barth. Por más que el nacionasocialismo se había entendido a sí mismo como una ideología secular y aconfesional (con las limitaciones que luego veremos), nunca dejó de ser un movimiento fuertemente imbuido por valores religiosos y cristianos, un verdadero "reich sagrado".

El antimaterialismo y antiateísmo de los nazis

Lejos de ser ningún farol del ateísmo, la ideología nacionalsocialista tuvo desde el principio un carácter marcadamente contrario al materialismo ateo, que la imaginación nazi ligaba al marxismo y el judaísmo. El punto 24 del programa del Partido Nacionalista de los Trabajadores Alemanes pedía respeto en 1920 "para todas las confesiones religiosas" al tiempo que declaraba la guerra al materialismo:

El partido como tal defiende la perspectiva del cristianismo positivo, sin atarse a ninguna confesión particular. Combate el espíritu del materialismo judío dentro y fuera de nosotros, y está convencido de que la recuperación duradera de nuestro Volk sólo puede producirse desde dentro, sobre la base del principio: la necesidad pública está por encima de la ambición privada.

Los nazis siempre entendieron que sus ideas suponían una "liberación del materialismo" y en especial del "espíritu judío dentro y fuera de nosotros" según la exitosa acuñación de uno de los mentores de Hitler, Dietricht Eckart.

El "cristianismo positivo" del NSDAP perseguía la superación de las divisiones sectarias en el seno del cristianismo alemán, con la vista puesta en alcanzar una Iglesia del Reich (un objetivo que sería defraudado finalmente), pero también implicaba un rechazo explícito de la irreligiosidad. Goebbels llegó a proclamar en un discurso público de 1924 que "El movimiento por la libertad Volkish es un movimiento esencialmente religioso" y que "Quiere la profundización del pueblo alemán y sabe que resulta impensable un alemán sin religión".

El propio Adolf Hitler no era ateo, ni agnóstico, y tampoco un panteísta naturalista, como muestran las constantes referencias a la providencia en el Mein Kampf, en particular cuando trata cuestiones raciales: "Los pueblos que se prostituyen o que dejan que los prostituyan pecan contra la voluntad de la divina providencia". Según Hitler, Jesús era nada menos que "el antimaterialista más grande de todos los tiempos".

Merece la pena recordar que la imagen de un Hitler anticristiano que alberga el deseo privado de "aplastar el cristianismo en Alemania" procede, en parte, del fraudulento Habla Hitler de Hermann Rauschning.

Los prejuicios antiateos de los nazis, en cambio, fueron sólidos hasta en los momentos más anticlericales del régimen. En 1936, en el contexto del movimiento conocido como Kirchenaustritt ("salida de la iglesia"), aquellos nazis que decidieron renunciar a su iglesia recibieron el nombre de Gottläubige ("creyentes en Dios"), una categoría específicamente pensada para evitar las etiquetas peyorativas de "disidente" y sobre todo de "no creyente" (glaubenloss). Uno de estos gottläubige fue el jefe del programa de esclavitud de Alemania durante la guerra, Fritz Sauckel: "al igual que protegemos a los verdaderos clérigos en sus altares, nos protegemos nosotros mismos de la penosa difamación del ateísmo o del engaño del concepto de paganismo."

Desde luego, el rechazo de los nazis del ateísmo y el materialismo dependía de su rechazo del marxismo, pero sobre todo del odio furioso a los judíos. Pese a la aconfesionalidad del régimen nazi, Steigmann-Gall insiste en que sería un craso error inferir que su antisemitismo estaba desprovisto de motivaciones religiosas (Pág. 46):

Muchos nazis concibieron dentro de un marco de referencia cristiano el mismo antisemitismo que habitualmente se considera como una función del racialismo. Incluso cuando afirmaban que la raza era la suprema ley de vida, no anulaban la religión, pues a su forma de ver la raza era una ley de Dios. En realidad, mezclaban las categorías raciales y religiosas de los judíos y utilizaban el término ario y cristiano como categorías intercambiables. En este proceso revelaron que su antisemitismo estaba lejos de ser una sustitución científica o secular de formas cristianas de odio a los judíos.

Por otra parte, aunque a veces se asocian los horrores del nazismo con la soberbia científica e incluso con el mismo Darwin, la concepción sobre el judaísmo que expresó Hitler en su testamento político, las llamadas Conversaciones privadas, revelan que finalmente entendió el judaísmo no desde una perspectiva genética, sino espiritual: "la raza judía es sobre todo una comunidad de espíritu." Steigmann-Gall remarca la filiación religiosa, más que biológica, del antisemitismo (Pág. 311):

Rechazar la idea de que los judíos eran una raza biológica significaba implícitamente que también se rechazaba el antisemitismo biológico, que nunca había sido una categoría definitiva. Al menos en este ejemplo, no vemos un intercalamiento o cohabitación de las categorías raciales y religiosas de los judíos, sino una simple negación de la categoría racial. Como afirmó Hitler en sus conversaciones secretas, Cristo entendió el peligro de los judíos y emprendió una inspirada lucha contra ellos. Aunque Hitler no declaró de forma explícita que matar a los judíos fuera una venganza por la muerte de Cristo o por la reticencia de los judíos a reconocer a Cristo como el Señor, creía no obstante que Cristo "había combatido" a los judíos y que ellos "lo habían liquidado". Se recurrió al ejemplo afirmativo de Cristo una y otra vez durante la solución final. 

El sesgo luterano

A pesar de que el cristianismo positivo de los nazis se definía oficialmente como aconfesional ("por encima de las creencias") su actitud hacia protestantes y católicos resultó ser muy diferente. Los protestantes simpatizaron de forma mucho más natural con el nazismo, y la mayoría de sus principales dirigentes, aún cuando fueran católicos nominales como Goebbels o el propio Hitler, mostraron inclinaciones favorables al protestantismo. Los nazis temían especialmente la oposición del "catolicismo político" a los planes totalitarios del estado, sin perjuicio de que los católicos alemanes estaban invitados a participar en la orgía Volkish, y sin perjuicio de las intenciones apaciguadoras de Hitler con la iglesia católica, tras la firma del Reichskonkordat en 1933.

Este sesgo luterano de los nazis se correspondió con una mayor resistencia al nazismo de los católicos en general, y de los clérigos católicos en particular.

Entre los representantes del protestantismo alemán no hay una proclamación de incompatibilidad con el nacionalsocialismo semejante a la que manifestaron los obispos de Baviera, el Rin superior, Colonia y Paderborn en 1931. En sentido contrario, los nazis eran probablemente sinceros al justificar su ideología en los antecedentes de la reforma luterana, que interpretaron como un signo de resistencia germánica a la romanización. Por otra parte, muchas opiniones a veces tachadas como "anticristianas" de los nazis, de hecho se correspondían con puntos de vista previos de los teólogos liberales alemanes. La propuesta de eliminar el Antiguo Testamento, por ejemplo, un típico caballo de batalla nazi, no era una extravangancia paganista, sino una idea en la que también insistieron previamente los teólogos liberales (y mucho antes, Marción, en el siglo II d.C.).

Los teólogos católicos no suscribieron la Schöpfungsglaube protestante (la teología de los "órdenes de la creación" que santificó el Reich como orden de Dios) y en consecuencia tendieron a rechazar sus implicaciones racistas. Los programas eugenésicos y de esterilización obligatoria fueron criticados explícitamente por los católicos, sobre todo tras la publicación en 1930 de la Casti connubii. Ninguna protesta pública contra la eugenesia como la defendida desde el púlpito por el obispo católico Clemens August Graf von Halen se encuentra entre los clérigos protestantes.

Tampoco las juventudes católicas llegaron a formar parte de las juventudes hitlerianas, ni las mujeres católicas se convirtieron en entusiastas militantes del mismo modo que las protestantes.

Wotan y Jesús

La imagen de los nazis como paganos anticristianos es, en buena medida, un motivo novelesco. Aunque existieron nazis abiertamente paganistas y en parte anticristianos, los puntos de vista de Ludendorff, Rosenberg o Bormann no llegaron a convencer al führer ni a conquistar la oficialidad del régimen, y siempre fueron una minoría en comparación a los "cristianos positivos".

Hitler mismo, un católico nominal que en privado señaló su deseo de volver a encontrar un "hogar religioso", jamás aceptó el paganismo y de hecho se burló de las extravagancias de sus camaradas. Sobre Alfred Rosenberg, influyente paganista y autor de Der Mythus des 20. Jahrhunderts comentó esto a un círculo de confidentes: "¡Qué tontería! Al fin hemos llegado a una época que ha dejado atrás el misticismo y ahora pretende empezar de nuevo con todo eso [...] ¡Pensar que tal vez un día me conviertan en santo de las SS!". De la misma forma, se expresó en tono claramente despectivo sobre las veleidades paganistas de las juventudes hitlerianas, ironizando sobre "Todas esas tonterías sobre los lugares del objeto, las fiestas del solsticio y la serpiente de Midgard."

Es cierto que el anticlericalismo de los nazis se acrecentó justo antes de la guerra, al defraudarse definitivamente las expectativas sobre una iglesia protestante del Reich y prohibirse la participación de los clérigos en los altos cargos del partido (y a su vez, de los dirigentes del Reich en la iglesia). Pero sería un error interpretar este "anticlericalismo" como una victoria del paganismo o como la manifestación final de una agenda oculta dirigida a la impiedad y la descristianización.

El reich sagrado

Puede que los nazis tuvieran una baja estima de las iglesias (especialmente de la católica), y también que fracasaran en sus intentos de "coordinar" el cristianismo alemán, pero la conclusión de Steigmann-Gall es difícil de cuestionar: siempre mantuvieron una alta estima del cristianismo. El anticlericalismo no implica un rechazo de la religión y muchas veces se puede explicar como el efecto de luchas institucionales que no reflejan un desacuerdo ideológico de fondo. Jamás los nazis pretendieron perseguir la "muerte de Dios" sino, al contrario, preservarlo frente a las amenazas judías y materialistas que muchos percibían como peligros reales para la supervivencia del Volk.

En resolución, llamar hoy "nazi" a Ratzinger, cuya eclesiología y cristología todavía se explica como una respuesta al trauma nacionalsocialista, puede que sea una frivolidad, y una acusación indocta, pero no es menos erróneo describir el nazismo como una "tiranía que deseaba erradicar a Dios de la sociedad", tal como hizo el mismo pontífice durante una visita a Escocia en 2010. 


Hitler en la iglesia de Wilhemshaven

Más fotografías en Nazi photos.

Los teólogos no son enemigos del Volk, sino hombres como ellos, que debido a que son cristianos, quieren servir a su Volk y a su patria con cuerpo y alma. 
 Un estudiante de teología de las SA, en 1935