7 ene. 2012

“A Dios por la ciencia”. Ciencia y religión durante el franquismo

En el último número de la revista Asclepio, un artículo, interesantísimo, de Francisco Blázquez Paniagua analiza la concepción dominante de la ciencia adoptada por las élites educativas y científicas españolas durante el régimen franquista, especialmente en sus dos primeras décadas.

Blazquez Paniagua explica cómo el evolucionismo darwinista, en particular, fue considerado por los teólogos el núcleo de una "biología materialista y atea" que era preciso erradicar del panorama cultural español. Según el sacerdote Jaime Pujiula (1869-1958), por ejemplo, el venenoso evolucionismo había desviado a la ciencia "de su verdadero ideal que es ascender por el conocimiento de las criaturas al conocimiento de su Creador". Tras el desenlace de la guerra civil, esta concepción tradicional de la ciencia fue recuperada por los teólogos naturales que atacaban las "novelas darwinistas" y el "vivero de transformistas materialistas" de la Institución Libre de Enseñanza y el Museo de Ciencias Naturales durante el periodo republicano. Semejante espíritu de la época cristalizó en la inauguración del Centro Superior de Investigaciones Científicas, en 1940, cuando José Ibáñez Martín (1896-1969) llegó a proclamar la necesidad de reconciliar la ciencia con el catolicismo, negando por añadidura la libertad de enseñar "herejías científicas".

El rechazo del evolucionismo (por las mismas razones que es rechazado hoy, es decir, por razones religiosas) resultó patente tanto en la educación como en la divulgación científica.

En cuanto a la enseñanza, virtualmente se suprimió la teoría de la evolución en el bachillerato, reconciliando los manuales de ciencias naturales con la visión del catecismo católico. De hecho, el catecismo de Ripalda era bastante explícito con respecto a cómo debían tratar los católicos los "errores modernos" del liberalismo, el racionalismo o el evolucionismo:

P. ¿Qué enseña el darvinismo?
R. Que los animales perfectos proceden de los imperfectos y en particular el hombre del mono.
P. ¿Qué me dice Vd. del darvinismo?
R. Que es un sistema ridículo y absurdo.
P. ¿Por qué?
R. Porque entre el hombre inteligente y libre y un estúpido animal, es ridículo y absurdo establecer parentesco.

Desde esta perspectiva explícitamente teológica, que tan escaso respeto mostraba por la supuesta independencia de los magisterios científico y religioso, el padre Vicente Muedra podía proponerse introducir a los estudiantes de bachillerato en las ciencias naturales "para llevarles por ellas a Dios".


Dios crea los cuatro reinos naturales. Ciencias naturales para segundo
de Bachillerato
, de Vicente Muedra (1956)


La teología natural sustituyó en nuestras aulas a la ciencia natural, recuperando en la práctica la concepción medieval de la ciencia: Philosophia ancilla theologiae (la filosofía es esclava de la teología):

Aunque muchos textos religiosos proclamaron la armonía perfecta entre ciencia y fe, en realidad se trataba de una supeditación pues, como se reconocía, la fe era «la antorcha que guía a la humanidad por los campos de la investigación, mostrándole [a la ciencia] en muchos casos los escollos en que se puede naufragar». Estos escollos eran, entre otros, el evolucionismo (considerado un proceso general que implicaba a todo el universo), y el «transformismo» o «darvinismo» (restringido a los seres vivos y al ser humano) y tildado de «falso y herético».

En el plano de la divulgación siguió defendiéndose una visión heterónoma de la ciencia, fuertemente antievolucionista y en consonancia con una interpretación bastante literal del Génesis. En particular, A Dios por la ciencia (1941) del jesuita Jesús Simón se ponía como objetivo "reducir el número de ateos", asumiendo una visión fijista típica de la biología predarwiniana tradicional. Si bien los teólogos naturales consideraban que la interpretación de la biblia podía errar (por ejemplo, se discutía cuánto duraban los "dias de la creación") de hecho no puede hablarse todavía de una autonomía de las ciencias, ya que la autoridad bíblica "delimitaba aquello que podía ser admitido por la ciencia desde la perspectiva católica".

Aunque de forma algo tardía (la concepción vitalista y antievolucionista de la biología había sido desterrada, en general, en el primer tercio del siglo XX), la reconciliación de la biología española con la modernidad científica empieza a ser un hecho a partir de los años 60, poniéndose término a nuestro "tiempo de silencio" sobre Darwin. Este aggiornamento fue posible, en principio, por medio de la penetración paulatina del evolucionismo finalista de Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) y sobre todo por la recuperación de las mismas obras de Darwin, que volvieron a editarse en español en 1963. Biólogos como Faustino Cordón (1909-1999) ya podían defender una visión abiertamente evolucionista, introduciendo la síntesis evolucionista en España. Finalmente, la Ley General de Educación de 1970 terminó contemplando una perspectiva evolucionista, algo que no ocurría desde el periodo republicano.

Entre algunos historiadores de la ciencia se ha puesto de moda negar que exista un conflicto substancial entre ciencia y religión, o entre la ciencia y la teología, tal y como habían defendido en el siglo XIX Andrew Dickson White y John William Draper. Sin embargo -como creo que se aprecia en la lectura del artículo de Blazquez Paniagua-, sin ir más lejos es muy difícil explicar las concepciones de la ciencia vigentes durante el periodo de la dictadura franquista sin recurrir a la tesis del conflicto.



ResearchBlogging.orgBlazquez Paniagua, F (2011). A Dios por la ciencia. Teología natural en el franquismo Asclepio. Revista de historia de la medicina y de la ciencia, 63 (2), 453-476