19 oct. 2011

Organizar el secularismo es una buena idea

Secularismo organizado es un término que, sobre todo en Bélgica y Francia, se refiere "a aquellas organizaciones que proporcionan apoyo moral a ciudadanos ateos, agnósticos, humanistas, librepensadores, irreligiosos o no confesionales." Esta forma de secularismo está claramente más desarrollada en los países del norte de Europa y allí donde el estado no consiente la usurpación religiosa del espacio público.

En Noruega, la principal asociación humanista del país cuenta con más de 80.000 afiliados. En los últimos años, hasta el 17% de los jóvenes noruegos escogieron tomar parte en una borgerlig konfirmasjon, o ceremonia de confirmación civil.

En Bélgica la ley obliga a que el estado subvencione las actividades de las asociaciones seculares útiles para la comunidad.

En Alemania y varios países del este, después de que las ceremonias civiles se independizaran del tutelaje de los estados comunistas, más de la mitad de los jóvenes aún participan en las jugendweihe.

En Islandia, este año acudieron a una charla secular alternativa a la misa luterana, previa a la inauguración del año político, hasta el 20% de los parlamentarios.

En Harvard, existe nada menos que una capellanía humanista dirigida por Greg Epstein, cuya idea se está exportando a más campus norteamericanos con el fin de formar grupos de apoyo entre los humanistas y no creyentes.

En España, cientos de miles de ciudadanos practican una forma de secularismo organizado poco consciente, el matrimonios civil, que en 2010 desbancó al religioso.

Asociarse con fines solidarios es un hecho humano natural, independiente de la religión. Además, hoy sabemos que muchas de las ventajas atribuidas a participar en una comunidad religiosa no derivan de las creencias religiosas mismas, o de los ritos, sino de las redes de apoyo y amistad. El hecho de dejar atrás las creencias religiosas no significa que las necesidades sociales desaparezcan.

Las distintas formas de secularismo organizado contradicen seriamente la idea, tantas veces repetida por los críticos religiosos, de que el humanismo secular y el naturalismo conducen inevitablemente a la "desintegración social". Aunque algunos "ateos y librepensadores" -como PZ Myers- siguen siendo hostiles a estas formas de asociación -y desde luego, tienen derecho a no participar si no quieren-, otras evidencias indican que la suposición de que el secularismo organizado fomenta la integración social y ayuda a disminuir los prejuicios contra los no creyentes, es más que razonable.