24 oct. 2011

Contra la reconciliación

Un argumento histórico a favor de las filosofías de corte naturalista, como el panteísmo, es que facilitaban la tolerancia en mayor medida que las filosofías no naturalistas enraizadas en el monoteísmo. Si todos somos modos de la misma substancia, para decirlo con Spinoza, en principio deberíamos ser menos intransingentes con los otros y estar más dispuestos a disculpar sus defectos. Un argumento parecido se da en las éticas animalistas de inspiración evolucionista. Si todos formamos parte del mismo "árbol de la vida" y estamos hechos de lo mismo que las bacterias, aparentemente lo más razonable es extender la ética más allá de nuestra especie.

Estos argumentos son respetables, pero no me parecen convincentes. No creo que exista una base científica sólida para suprimir las diferencias morales entre los seres humanos y los demás animales, y ni siquiera para suprimir completamente las diferencias raciales, culturales y políticas entre los propios seres humanos. Para abolir estas diferencias haría faltar tomar un punto de vista no político y prácticamente sobrenatural. El punto de vista de Klaatu, por ejemplo, un extraterrrestre ficticio que en la primera versión de la película venía a salvarnos de la lucha de bloques en la guerra fría, y en su secuela, a salvar la tierra del antropocentrismo. O el punto de vista de un cosmólogo, como Carl Sagan, que contempla la tierra como un "punto pálido y azul" desde el cual es posible ridiculizar nuestros conflictos políticos terrenales.

En nuestra tradición, "reconciliación" tiene un fuerte sabor religioso. Se refiere a la vuelta de los herejes al concilium, a la reconciliación con el dogma, y es un eco secular de ideas impregnadas por misticismo religioso como la "comunión de los santos" o la "ciudad de Dios". La exigencia de que los ciudadanos vascos nos reconciliemos en el evangélico "nuevo tiempo" que presuntamente se abre ahora, en este sentido, procede con seguridad de la nostalgia de una sociedad católica homogenea. Por eso los obispos españoles andan estos días solicitando "conversión" a los etarras, pese a que nunca han apostatado, ni han sido excomulgados antes.

Frente a esta concepción monocultural que tiene una base claramente sobrenatural, es muy importante recordar que la teoría política moderna (Grocio, Locke) surgida en buena parte tras las guerras religiosas y en definitiva tras el fracaso de alcanzar una auténtica reconciliación, subrayó la necesidad de gestionar el disenso entre individuos potencialmente rivales que, no obstante, compartían el deseo racional de vivir en una sociedad basada en el mutuo beneficio.