17 sept. 2011

La “Europa laica” es un mito

Si algo está claro diez años después del 11S es que el laicismo y el secularismo viven su peor momento de la historia moderna. Así lo atestigua la aparición de los secularismos descafeinados: laicidad positiva, laicismo moderado, postsecularismo...El trauma en la cultura europea es tan profundo como para que uno de sus líderes politicos más influyentes aliente nada menos que "la unidad de los cristianos" frente al avance de la temible secularización.

Las escalofriantes declaraciones de Angela Merkel dan más actualidad al texto de Rajeev Bhargava:

A pesar de una substancial secularización en varios estados europeos, el establecimiento formal o informal de la religión dominante ha hecho poco para reforzar las relaciones entre las comunidades y reducir la discriminación religiosa. Parece que la extendida creencia de una esfera pública europea y laica es un mito. Bajo la presión de la demanda de una ciudadanía igual en derechos para los nuevos musulmanes, los sikh y otros ciudadanos, los prejuicios religiosos de los estados europeos se han hecho cada vez más visibles. Los estados europeos continúan privilegiando el cristianismo de un modo u otro. Las escuelas religiosas se financian con dinero público, se mantienen las propiedades de las iglesias y los salarios de los clérigos, y se facilita el control de los cementerios por parte del clero, y se entrena al clero. En resumen, no ha existido imparcialidad dentro del dominio de la religión, y a pesar de la igualdad formal, esto sigue teniendo un importante impacto en el resto de la sociedad. 
Esto es así porque la libertad individual radical y la igualdad ciudadana sólo surgieron en las sociedades europeas después de que se estableciera la homogeneidad religiosa. El nacimiento de estados confesionales fue acompañado por la expulsión masiva de las comunidades sometidas cuya fe difería de la religión de los gobernantes. Tales estados hicieron sitio gradualmente a la tolerancia dentro de su espacio moral, pero como es bien sabido, se trataba de una tolerancia compatible con profundas desigualdades y con la humillación, la marginación y con existencias virtualmente invisibles. Por ejemplo, las iglesias católicas en los países predominantemente protestantes se expulsaron hasta los suburbios. Más aún, los edificios de estas iglesias ni siquiera podían parecer iglesias...