9 sept. 2011

El “ser humano” no existe

Una de las conclusiones más pintorescas de la ciencia moderna (y de la teoría de la evolución en particular), al menos para la mentalidad tradicional, es la inexistencia de la humanidad. No existen un primer hombre y una primera mujer "humanos" porque la idea platónica de humanidad no tiene cabida en la explicación científica sobre nuestros orígenes. La teoría de la evolución devalúa el relato de Adán y Eva (y otros relatos asociados, sigularmente la metafísica de la encarnación cristiana), al mostrar que la humanidad no es una esencia, como han explicado en detalle Ernst Mayr y Richard Dawkins, sino una tendencia histórica. Como especie biológica, no somos los mismos que se fueron de África entre hace 125.000 y 60.000 años. En los últimos 10.000 años, probablemente a consecuencia del desarrollo de la cultura tecnológica, nuestros genes han evolucionado 100 veces más rápido que la tasa media de los 6 millones de años previos.

La historia de la evolución humana es tan complicada, de hecho, que ni siquiera el relato científico sobre el origen monogenista africano parece del todo exacto. Hoy sabemos entre otras cosas que los pigmeos (y los khoisan) se mezclaron con otros linajes de homínidos hace unos 700.000 años, que los sapiens africanos hicieron lo propio con otros linajes hace unos 35.000 años, y que lo europeos se mezclaron con neandertales entre hace 80.000 y 30.000 años. Estos descubrimientos realmente ridiculizan las pudorosas discusiones sobre si hay o no razas humanas. No es sólo que haya razas humanas, sino que los seres humanos hemos mezclado lo bastante nuestros genes con especies "no humanas" (en el sentido moderno) como para mostrar profundas divergencias genéticas en nuestros linajes actuales.

Cualquiera que sea la interpretación religiosa, ideológica o filosófica a partir de este conjunto de datos, la enorme variedad de la "naturaleza" humana es un hecho que es preciso aceptar para tener una visión madura de la realidad.